Ramón Pérez Maura

Doctores tiene la Seguridad Social que nos van a animar a seguir disfrutando de la ubre hasta secarla

Doctores tiene la Seguridad Social que nos van a animar a seguir disfrutando de la ubre hasta secarla
Ramón Pérez Maura. PD

VIVIMOS en un Estado del bienestar tan acentuado que puede acabar ahogándonos. He conocido un buen ejemplo que me ha dejado pasmado. Déjenme compartirlo: Iván es un muchacho que ha cumplido esta semana 19 años. Perdió a su madre (trabajadora) cuando él tenía 5 años.

Desde entonces cobra una pensión de orfandad que hogaño alcanza los 550 euros aproximadamente. Una cantidad muy sustancial, sin duda. Al padre de Iván le preocupa que el chico, que estudia Derecho y Administración de empresas, se acostumbre a lo fácil que es recibir dinero en la cuenta todos los meses y tarde más tiempo del debido en comprender lo que cuesta ganar cada euro.

A Iván le queda al menos hasta que cumpla 21 años para seguir cobrando, y a partir de esa edad puede prorrogar su pensión mientras esté estudiando su carrera. Es decir, unos cuantos años más en los que, a diferencia de lo que ocurría cuando era menor de edad, su padre ya no tiene un control legal sobre esos ingresos que recibe del Estado. Puede aconsejarle y llamarle la atención si lo malgasta, pero el dinero llega directamente a la cuenta corriente de Iván.

Así que el padre cree que es una buena idea incentivar en Iván el interés por complementar su pensión haciendo alguna chapuza que le haga ver el esfuerzo que requiere ganarse unos euros. Iván muestra buena predisposición y acepta ir un sábado a hacer de camarero en una boda, desde la una del mediodía a las nueve de la noche. Ese día trabaja gratis, a prueba, en la empresa de un amigo.

Sale baldado, claro. Pero viendo lo que ingresan sus amigos, casi 100 euros, no tiene duda de que ese es un magnífico complemento a sus actuales ingresos. Si consigue dos trabajos así al mes, podría cubrir sus gastos y ahorrarse su pensión casi completa. El incentivo que busca el padre de Iván parece calar.

El amigo que está dispuesto a contratarle le explica que se tiene que dar de alta en la Seguridad Social para poder trabajar como eventual. Y ahí saltan las alarmas: en el momento en que se dé de alta para trabajar un par de días al mes -si es que hay esa demanda y las ofertas de trabajo son compatibles con sus estudios- pierde su pensión.

Esa pensión de orfandad es absolutamente incompatible con ningún ingreso. ¿Resultado? Iván le dice a su padre que trabaje otro, que él no piensa renunciar a su pensión, justamente ganada por su madre y que le garantiza 555 euros mensuales que difícilmente podrá ganar de otra manera si dedica a estudiar todas las horas que debe y si quiere poder salir con sus amigos alguna vez.

¿De verdad tiene sentido que una pensión, que es algo que el pensionista ha ganado con su trabajo -o en este caso el de su madre- se pierda por intentar complementarla? En el caso de un muchacho de 19 años, ¿no se está malformando a ese futuro trabajador incitándole a vivir siempre con el mínimo esfuerzo?

Claro que tenemos un sistema de atención social excelente. Tanto que está a punto de quebrar. Y quizá ocurra precisamente por pensiones tan generosas como la de Iván. Pero la solución no pasa por que Iván se quede en su casa sin hacer un par de chapuzas al mes -pagando sus impuestos por ellas- ni tampoco por pretender que renuncie a aquello a lo que tiene derecho. Porque nadie en su sano juicio renuncia a una pensión de la que es beneficiario. Pero nada, doctores tiene la Seguridad Social que nos van a animar a seguir disfrutando de la ubre hasta secarla.

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