Jesús Millán Muñoz

¿Un mal de Hispania, faltan librepensadores?

¿Un mal de Hispania, faltan librepensadores?
Jesús Millán Muñoz. PD

«Podemos definir al librepensador o librepensadora a esas personas que intentan captar la realidad utilizando los datos, hechos, la razón, los conocimientos ortodoxos de su época, y no necesariamente siguiendo su empatías o antipatías, sino buscando la verdad en la realidad, la realidad en la verdad o al menos intentándolo, por lo cual, les lleva a estar siempre en una posición compleja, pueden aceptar que ciertos planteamientos o soluciones pueden ser más adecuadas las de los tirios, y otras las de los troyanos.

1. La grave y gran pregunta es si desde Ortega y Unamuno, con todas las matizaciones que se quieran parece que en la sociedad y en el país no han existido suficientes voces y lo suficientemente libres, para dar su opinión racional y razonable, y de alguna manera, indicar a unos y a otros, si ellos creían que estaban en el error o estaban equivocados o estaban en la verdad o estaban acertados.

La grave pregunta es si hemos perdido la figura del intelectual librepensador, en la cual no solo uno, sino unos cientos o miles juzgan la realidad, no siguiendo los mandatos de ninguna ideología concreta o de ninguna clase social concreta, sino la evolución de la realidad y la evolución del pensamiento en general, sin negar los errores de filias y fobias también personales.

La gran y grave cuestión es si existe o no existe una clase intelectual en el país y en la sociedad, que tenga suficiente grado de libertad interior, para con respeto y diálogo y saber ortodoxo y datos fehacientes y tolerancia, pero con razonamientos analizar y dialogar y argumentar sobre multitud de temas y cuestiones, y dar su parecer sin seguir los mandatos, de unos o de otros, de tirios o troyanos. Y si no existiese esa clase intelectual o suficiente cantidad de personas de esa clase, que pueden en unos temas estar en un lado de la trinchera y en otros temas, estar en otros, porque la verdad absoluta nadie la tiene, ni ser humano, ni colectivo, ni ideología.

Y también si existen poderes reales y fácticos, de hecho y de derecho que permitan que exista una clase intelectual suficientemente libre, y no se le castiga y no se le sanciona en sus carreras profesionales por ejercer sus opiniones y sus ideas, aunque estas no estén en consonancia o crean que no lo están con los poderes reales y fácticos en las distintas entidades que forman y conforman la sociedad… Dejar que haya suficientes personas que «aunque no estén contigo, no necesariamente están contra ti», y olvidar el mandato que tanto se ha seguido «o estás conmigo o estás con los otros…», y que tanta tristeza y tragedias nos han acarreado a lo largo de la historia, y que tantas carreras profesionales se han quedado en la cuneta de la historia y, en algunas épocas tantas personas han terminado en campos de concentración, cárceles o en los paredones de los cementerios o…

Repito si no existiese esa clase intelectual, que puede ser formada por escritores, artistas, intelectuales, periodistas, profesores de universidad y otros opinadores. Si no existiese esta clase de librepensadores, ésta sería una de las razones de la crisis de esta sociedad, porque al final, la crisis económica que estamos sufriendo, la crisis social y moral y ética y de valores que llevamos dentro de nosotros en estos momentos, la crisis política e institucional serían tres tipos o clases de crisis o conjuntos de crisis que se combinarían con una que pocos quieren mencionar la «grave y gran crisis intelectual y de librepensadores y librepensamiento que podemos estar sufriendo en la Piel de Toro desde hace décadas o siglos».

2. ¿Existen indicios y señales y signos que no existe, al menos en suficiente grado y cantidad y autolibertad y autolibre albedrio, una clase intelectual de librepensadores o pongan ustedes el nombre que quieran? ¿Y si no existe debería intentar incentivarse, porque puede ser una de las razones y motivos que influyen en el resto de las crisis políticas, institucionales, valores-morales, sociales, económicas, constitucional e incluso espiritual y religiosa…?

– ¿Se ha seleccionado de forma lo más correcta e imparcial los cargos y cargas profesionales en relación a los intelectuales, por ejemplo, en la enseñanza, en la empresa pública y en la empresa privada, a y en todos los niveles, o han influido además otros parámetros, en algunos casos han condicionado en demasía otros factores y variables…?

¿Por lo cual no deberíamos actualmente estar viendo en los medios de comunicación social, radio, televisión, periódicos, Internet las opiniones de cientos y de miles de profesores de universidad, especializados en distintos campos y de miles de especialistas de distintas ramas del saber y profesionales en todos los niveles de la actividad humana, que nos otorgarán su saber, sus análisis, sus ideas, sus concepciones bien ponderados con razones, argumentos y datos…? ¿Además de periodistas, escritores, pensadores, filósofos, humanistas, etc.?

¿Y si ustedes observan de cientos y miles y docenas de miles de especialistas entre todas las ciencias sociales, derecho, economía, política, psicología, historia, geografía, y de humanidades, filosofía, artes, etc. que existen, cuántos llegan su opinión o sus ideas a los medios sociales de comunicación…?

¿A cuántos se les invita, cuántos en estos tiempos convulsos estarían dispuestos a dar su opinión o callan o se silencian o incluso los silencian, pero cuántos se presentan a los medios de comunicación, y aunque sea en las secciones de opinión, ellos libremente podrían expresar sus ideas…? ¿Si modestamente yo puedo hacerlo, yo que no soy especialista, ni experto con más razón pondrían sus artículos en los medios diferentes sociales, si escribiesen los grandes catedráticos de economía, política, derecho, psicología, historia, filosofía, etc., en medios nacionales o regionales o provinciales?

– ¿No debería la clase política, todavía viva y que respira, y con suficiente salud psíquica y física, personas, miles de personas que han ocupado altos y medios cargos en la administración pública, política de este país, expresar sus opiniones y sus ideas, no serían un signo y señal evidente de su saber y de su experiencia, de sus canas y de sus barbas, no sería una luz en tanta confusión…?

Esperamos que senadores, diputados nacionales y regionales y altos y medios cargos en la administración nacional, regional, local y en la empresa privada nos diesen sus opiniones y sus ideas… personas que durante un tiempo han ocupado altas y medias responsabilidades en la sociedad española, sea en el terreno público o en el privado… Y parece que la inmensa mayoría duermen, se silencian, miran hacia otro lado, están en duermevela…

– Entendemos que las altas jerarquías eclesiásticas y los grandes teólogos con su inmemorial prudencia, mesura, racionalidad estén en silencio o en casi silencio. Entendemos que con la concepción de la doble escala, la libertad y autonomía del mundo secular con el mundo religioso. Comprendemos y entendemos que este país y esta sociedad con la cuestión religiosa y eclesiástica en estos dos últimos siglos les han pegado unos palos enormes, poniendo como ejemplos desde las desamortizaciones del siglo diecinueve hasta llegar a lo que sucedió a templos y personas religiosas hace ochenta años. Entendemos que su proverbial prudencia y mesura les lleve al casi silencio, al hablar entre pasillos, a esperar y rezar par el bien del país.

Pero también esperaríamos y desearíamos y necesitamos que nos den un poco de luz, teniendo en cuenta, su inmemorial saber ético y moral y religioso y espiritual… y, ellos que saben suficiente de la doctrina social de sus propias religiones y de sus propias morales, saben que unas soluciones sociopolíticas u otras, puede ser la diferencia en que cientos de miles de personas, si no millones, vivan mejor o vivan peor dentro de unos lustros o años o décadas.

Para muchos es un desconcierto mental e incluso moral, que los hayamos visto promover actos religiosos y manifestaciones por defender ciertos grandes valores, como pueden ser la familia. Y no entendamos que ahora que estamos en una situación crítica en la Piel de Toro, y que tarde o temprano afectará de forma irremediable al sector religioso. Sus grandes teólogos, sus grandes autoridades eclesiásticas, no digo que callen o se silencien, pero su voz es tan tenue que apenas se le oye. Y ellos, que tienen a mi entender, en general, un nivel moral mayor que la media de la población, mayor nivel ético que nosotros los simples mortales seculares, ellos y ellas que tienen por lo general una inteligencia mayor que la media, ellos y ellas que tienen por lo general una cultura y conocimiento de la realidad mayor que la media, ellos y ellas, a nuestro modesto entender se les oye poco. Es decir, ellos y ellas con sus defectos y sus grandes virtudes nos pueden dar luz, al menos en los grandes principios parece que su voz se ha resfriado… Porque como nos equivoquemos ahora, en las próximas lustros y décadas, no cientos de miles, sino millones de personas se pueden ver en el borde de situaciones vitales y existenciales, y eso si que afectará a los grandes valores y también a la familia…

– Siempre se ha dicho que en Francia y Gran Bretaña los poderes reales fácticos e institucionales e ideológicos han respetado a los librepensadores, porque creen que constituyen un elemento esencial para la estabilidad del país y de la sociedad, tanto a nivel secular o cívico o privado o público. Por poner una anécdota, se dice que cuándo Sartre ponía al pie de los caballos con sus críticas a De Gaulle y al orden establecido los asesores de dicho presidente le indicaban que metiese en la cárcel a Sartre, hasta que el general ya cansado les indicó: «Cómo quieren que meta en la cárcel a Voltaire».

3. No negamos el derecho que cada intelectual o pensador o catedrático o especialista o experto en una rama cultural o científica social sea de un color o sea de otro su cerebro o su corazón o sus palabras. No negamos ese hecho y ese derecho. Pero si creemos que en la Piel de Toro falta y faltan, y es un problema esencial, falta suficiente clase intelectual de librepensadores, es decir, que juzguen la realidad según su libre sentir y parecer, con razones y argumentos y respeto y tolerancia, pero que no estén a la voz y al mandato de nadie, sea persona o ideología o bandera o estrato social o grupo de presión, sino solo de su libre pensar y que por actuar de ese modo no se les sancione de ninguna manera en sus carreras profesionales, ni en otros sentidos. En definitiva, echamos en falta Unamunos y Ortegas. Dicho con todo respeto y nadie se rasgue su traje talar.

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