Jordi Rosiñol Lorenzo

La Doctora Zaius de la plaza San Jaime no deja Borbón en pie

Casi seiscientos cincuenta años han pasado, siglos de historia en cada rincón, que tienen sus comienzo en la solemnidad del salón de Ciento, a cientos los años han pasado, y a cientos los prohombres de la ciudad han deambulado con orgulloso respeto hacía la institución, con admirado respeto a la memoria silenciosa de las magnificas estancias que les observan; Así ha sido hasta ahora el Ayuntamiento de Barcelona, y que en los albores del nuevo milenio progresivamente deshonrado desaparecen de la vista, con tristeza vemos violentar los símbolos que nos unen en convivencia, por aquellos que viven en la razón absoluta, en el ignorante odio, chancleteros instalados en la amoral inquina, desmedidos en la furia de su acción se vuelven grotescos e irracionales.
Si quien gestiona el presente no tiene en consideración los vestigios, el arte, y la historia pasada, hace indefectiblemente retroceder a la civilización que generosa le ha dado la oportunidad de ser protagonista efímero de su tiempo, en realidad un fugaz Nanosegundo en el tiempo del reloj infinito, que como en la película «El planeta de los Simios» difícilmente va a permitir a la Doctora Zaius de la plaza San Jaime ocultar en la gruta del temor el pasado, y es que por más bustos, cuadros, placas de calles, retratos, banderas, etc. Que se empeñen en arrancar y ocultar del recuerdo, las obedientes y toscas brigadas de gorilas al servicio de la nueva política, es una misión imposible, siempre tarde o temprano la razón respetuosa regresa a la sociedad repleta de Taylor´s.
El último ultraje a la Casa de la Ciudad, clama por su sectarismo revanchista, con el beneplácito de la acostumbrada ambigüedad acomplejada socialista, y con el voto en contra de Populares y Ciudadanos se aprobó el cambio de nombre del salón de plenos, Ahora rebautizado con el nombre de un político significado hasta el punto de haber sido presidente de uno de los partidos que votaron a favor, cuya aportación a la ciudad y a España en general fue la de estar implicado contra el orden constitucional en los hechos de 1934, y por ello detenido y juzgado por la democracia republicana; y así sucede, hoy en día como entonces la persecución con «redes» y «porras» a caballo las tropas del general Urko con acento argentino arrasan todo lo que sea o parezca Borbón.
Lamentable ignorancia no poner en valor la aportación de la Reina Regente María Cristina a Barcelona con la Exposición Universal de 1888, «la ciudad de los prodigios» dio un salto cualitativo para el futuro y en la visión del mundo hacia la moderna ciudad Condal, su inteligente moderación, junto con la discreta laboriosidad, e impecable respeto a la alternancia política entre conservadores y liberales, fue un certero equilibrio para España que duro diecisiete años. Todo lo contrario de lo que representa el sucesor en dar nombre al regio Salón.

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