Fermín Bocos

Días turbulentos

Dada la campaña realizada en solitario, rehuyendo la coincidencia con Rajoy en los mítines, la gran victoria de Alberto Núñez Feijóo en Galicia -retiene la mayoría absoluta- ha venido a demostrar que el PP tiene en él algo más que un delfín en ciernes. De momento con despacho en Santiago de Compostela. La segunda evidencia que arrojan las elecciones celebradas en Galicia y en el País Vasco es que el Partido Socialista se ha vuelto a dar un castañazo. Ha retrocedido en las dos comunidades. Pese a ello, nada hace suponer que los resultados de estos comicios vayan a alterar la política nacional.

El bloqueo va a continuar desembocando en la convocatoria de nuevas elecciones (un escenario grato al PP), salvo que Pedro Sánchez, pueda cerrar su «Plan B». Plan cifrado en el apoyo de Podemos y en la abstención de los partidos independentistas. Un pacto que tiene en contra a los dirigentes territoriales más importantes (Susana Díaz, Javier Fernández, García-Page, Fernández Vara) pero cuenta con el apoyo de Miquel Iceta (PSC), la mallorquina Francina Armengol y la ambigüedad del valenciano Ximo Puig o el aragonés Javier Lamban. Sánchez está jugando a la desesperada, buscando el «hecho consumado» a sabiendas de que a los barones que están en contra les resultaría muy difícil explicar a la militancia que hay que defenestrar a un secretario general socialista para mantener a Mariano Rajoy en La Moncloa. Así las cosas, creo que Pedro Sánchez va a seguir adelante en su intento de tejer abstenciones o apoyos para formar un gobierno «progresista» sin importarle las llamadas «líneas rojas» marcadas por el último Comité Federal. O César o nada, parece ser su lema. El factor humano. Mariano Rajoy, pese a su larga experiencia ha tardado mucho en captar la temeraria determinación de Sánchez. Por eso ha insistido una y otra vez en culparle de una eventual repetición de las elecciones y solo en los últimos días parece haberse percatado de que el «plan B» de Sánchez va en serio. Rajoy confiaba en que serían los barones quienes frenarían los devaneos de Sánchez con Podemos y no han tenido en cuenta que los independentistas pueden abstenerse a cambio de nada. Cuando menos, de momento. Convergencia y ERC juegan abiertamente al «cuanto peor, mejor». Para ellos y su anticonstitucional «proceso de desconexión», el peor escenario sería que Rajoy siguiera en la Presidencia. Recuerdan las múltiples concesiones que obtuvieron cuando aprovechando la levedad de José Montilla y la frivolidad de Zapatero formaron en Cataluña un gobierno tripartito. Calculan que con Pedro Sánchez en La Moncloa, aquella situación podría repetirse. Ojalá me equivoque, pero tengo para mí que se avecinan días turbulentos.

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