Manuel del Rosal

Oclocracia: Pedro Sánchez busca un gobierno de la muchedumbre, de la plebe

Oclocracia: Pedro Sánchez busca un gobierno de la muchedumbre, de la plebe
Manuel del Rosal García. PD

«La oclocracia es el gobierno de la muchedumbre o de la plebe. Aristóteles consideraba a la oclocracia como una perversión de la democracia que, a la hora de abordar asuntos políticos, presenta una voluntad viciada, evicciosa, confusa, injuiciosa e irracional»

Confieso que no sé cuántos partidos componen Unidos Podemos, pero si los sumamos a CDC, PNV, CC, ERC, Bildu; pueden llegar a 20. Naturalmente a estos debemos sumar el PSOE, con lo que el gobierno diseñado por la mente calenturienta de Pedro Sánchez llegaría estar formado por 21 partidos más o menos, es decir, una muchedumbre, una plebe. Los habrá que confíen en este gobierno por distintos intereses, pero ninguno de ellos será por el interés de España y los españoles. Un gobierno así será un patio de Monipodio en el que se venderá y comprará todo, incluida España y los españoles.

A Pedro Sánchez España y los españoles les importan nada. Él se importa a sí mismo y no dudará ni un momento en disolver, desmigajar, corroer, gastar, disgregar, desmoronar a España por un minuto de gloria efímera que le permita seguir en su empleo actual. Es por eso que Sánchez ha diseñado una estrategia para alcanzar la Moncloa que pasa primero por constituir la alternativa de la muchedumbre, de la plebe. Lo que pasa es que esa muchedumbre se lo va a comer, a él, y de paso a España.
Pedro Sánchez se echará en los brazos de esa muchedumbre para poder ser investido, que no gobernar. Será un pelele en manos de esa muchedumbre, esa plebe. Presidirá los actos oficiales, aparecerá en los medios, discurseará; pero quien gobierne – si es que duran los días necesarios para poder gobernar – será la muchedumbre, la plebe.

Dicen que los sueños de la razón engendran monstruos. La enmarañada e insondable razón de la mente de Pedro Sánchez ha engendrado una oclocracia que es una degeneración y perversión de la democracia. La oclocracia termina siempre mal. Pedro Sánchez que es un hombre culto, formado y conocedor – se supone – de la perversión de algunos sistemas de gobierno; sabe que ese batiburrillo de partidos no garantizan nada bueno para España, pero, ya lo hemos dicho, España es lo que menos le importa a Pedro Sánchez, lo que le importa es el poder al precio que sea aunque ese precio incluya como moneda de cambio a España y los españoles.

No, no se debe ni se puede gobernar en democracia pervirtiendo la democracia, sirviéndose de ella, usándola para beneficio propio. Eso es prostituir la democracia como se prostituye a una mujer para sacar beneficios de ella sabiendo que la estamos destruyendo. No, no se debe ni se puede crear nada partiendo de la impostura, de la ruindad y mezquindad de un proyecto urdido tan solo para salvar a quien lo urde y sumiendo en el caos a las instituciones y a los ciudadanos.

Pedro Sánchez nos quiere convencer de que su alternativa es legítima porque los números dan 170. Pedro Sánchez sabe – se supone – que no se pueden sumar peras y salchichas, que gobernar no es fruto de las matemáticas, sino de un proyecto común en el que todos se involucren por el bien general, no por los intereses de unos pocos. La oclocracia subvierte el orden democrático porque la muchedumbre, la plebe no es el pueblo, mucho menos una plebe variopinta con intereses distintos unos de otros y en los que para nada aparecen los intereses de ese pueblo que dicen representar. Esa muchedumbre esa plebe formada por 21 partidos y que, según la idea de Pedro Sánchez, representa al pueblo, no lo representa; la plebe no es el pueblo, es una parte del pueblo que se considera a sí misma legitimada de soberanía y trata de someter a su criterio a todas las instituciones que ejercen el poder legítimamente. Pedro Sánchez está equivocado, él lo sabe, pero su bárbara ambición de poder y su temor a perder su empleo le ciegan hasta el punto de hacer de España y a los españoles monedas de cambio para su investidura.

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