Victor Entrialgo de Castro

«Los indios Tabajaras»

"Los indios Tabajaras"
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

En la selva postzapatero, Sanchez y Luena, como los indios Tabajaras, se encontraron un buen dia una guitarra. Sin saber para qué cosa era, empezaron a tañerla. Y aun sin saber para qué servía, vieron que aquello sonaba. Viajaron hasta Ferraz donde para evitar que lo hicieran otros, les dejaron tocar. Pero en lugar de versionar como los indios Tabajaras éxitos de siempre, Sanchez insistía, sigue tocando la misma, que hay gente nueva.

Estaba y está ganando tiempo. Desde el principio sólo ha estado ganando tiempo. Es lo que mejor hace. Pero ¿para qué? No creo que un individuo sólo, por libre, llegue a tan contumaz empecinamiento teniendo en vilo a un país entero y parte del extranjero si no es porque alguien con muchos intereses en juego le obliga o le anima a ello.

Y asi hasta que, duros de oído, pero cansados de la misma canción, 17 miembros de la ejecutiva del PSOE acaban de dimitir despues de escuchar por fin lo que la mayoría del pais clamaba desde hace tiempo. La cosa se anima.

Porque aunque la politica sea una poderosa droga, en la práctica consiste sólo en dos cosas: una, escuchar a la gente. Y dos, pegar como los indios la oreja al suelo para escuchar si vienen manadas de búfalos o de caballos.

Pedro el Empecinado no ha hecho ninguna de las dos. Ni oye, ni ve, ni palpa, ni gusta, ni sabe. En ese proceso de bunkerización progresiva todavía ayer mismo, delante de un micrófono cantaba la cansina canción de siempre añadiéndole una estrofa de risa, que él está asumiendo responsabilidades.

Pedro Sanchez toca de oido pero, a diferencia de los indios Tabajaras que después de encontrar en la selva una guitarra cosecharon grandes éxitos, no se deja aconsejar.

Y por si eso fuera poco, padece además el síndrome de Peters, negándose desde que accedió al cargo a reconocer la evidencia de que la tarea encomendada supera de largo su competencia y capacidades.

No va ponerlo fácil. En lugar de aprender de los Tabajaras Sánchez no ha variado su repertorio. No ha querido escuchar a nadie ni poner la oreja en el suelo para distinguir si venían búfalos o caballos. Pero va a patalear y convulsionar hasta el final y el decimoséptimo de caballeria que le acompaña en la ejecutiva va a morir políticamente con los cargos puestos.

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