La resignación, que es lo más probable, será aceptar que perdieron las elecciones, dejar que el detestado Mariano Rajoy sea presidente e intentar, con las orejas gachas, hacer oposición y restaurar el partido
El Comité Federal del PSOE del 1 de octubre de 2016 resultó un sainete bochornoso, no sólo ya para quienes lo perpetraron, sino para la imagen de un partido que, internacionalmente, ha quedado seriamente dañada (PSOE: Partido Surrealista Obrero Español).
Este 2 de octubre de 2016, en el diario La Razón, Alfonso Rojo habla con nitidez sobre lo acaecido tanto dentro como fuera de Ferraz y las opciones que de aquí a unas semanas tiene la formación del puño y la rosa para decidir su futuro más inmediato.
Así arranca el artículo:
Pedro Sánchez está muerto y mucho me temo que el PSOE también.
Y los socialistas no han tenido ni la sensatez de disimular, haciéndole un funeral como Dios manda al partido que refundó Felipe González hace 41 años y ha gobernado este país más de la mitad de los años que llevamos en democracia.
Lo de ayer en la sede de Ferraz fue un sainete de vergüenza ajena. Fuera, desde primeras horas de la mañana y vigilados por la Policía para evitar que se liaran a mamporros como los malos hinchas de fútbol, un centenar de exaltados, la mitad de ellos de Podemos, insultando a Susana, Madina, Lambán o Guillermo Fernández Vara.
Detalla que:
Dentro, agarrado al puesto como guacamayo a la percha, Pedro Sánchez rodeado por su cuadrilla, maniobrando para seguir de secretario general y repitiendo que lo suyo es formar un Gobierno con 85 diputados, al alimón con marginales, zarrapastrosos e independentistas.
De la reunión del Comité Federal no podía emerger nada bueno, porque las crisis políticas no se resuelven con cerrajeros y securatas, como imagina el pobre César Luena.
Tanto si administrativamente ganaba Pedro Sánchez como si lo hacía Susana Díaz, no tenían los socialistas otras opciones que la desdicha, la calamidad o la resignación.
Y explica cada una de esas tres opciones:
La desdicha son unas terceras elecciones en las que el PSOE corre el serio riesgo de bajar al medio centenar de escaños.
La calamidad es meterse del todo en ese lodazal donde les espera Pablo Iglesias, entregándose a Podemos, ERC y compañía a cambio de la ficción de pillar poder. Algo similar, aunque muy ampliado y esta vez irreparable, de lo que fue la estulticia de entregar a sus rivales de la ultraizquierda el gobierno de las principales capitales españolas tras la elecciones municipales y autonómicas del 24-M de 2015.
La resignación, que es lo más probable, será aceptar que perdieron las elecciones, dejar que el detestado Mariano Rajoy sea presidente e intentar, con las orejas gachas, hacer oposición y restaurar el partido.
