Víctor Entrialgo de Castro

El hombre tranquilo

El hombre tranquilo
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

No es porque sea asturiano, que también. ¡A ver si vamos a ser los únicos que no podemos ser nacionalistas!, Aunque para ser sinceros, estando en el origen de la nación, los asturianos, ni podemos, ni queremos.

Seguimos empeñados en construir España. Y para eso tenemos, la asturianía, que es la superación del nacionalismo y el socialismo juntos, pero mucho más internacional, cordial y duradera.

Entre un tipo chulesco, prepotente y contumaz, retrato de un «sabonis» con su espejo, y el alma que refleja la cara que ha puesto el comité federal al frente de la gestora no hay color, aunque haya un grave problema pendiente.

Si la cara es el espejo del alma, no hay alma más adecuada que la de Javier Fernandez para mediar hasta donde le dejen. Otra cosa es que tenga que ponerse casco para las piedras y manguera para tantos como están quemaos.

La fama le precede. Tanto, que todos le llaman así. Un hombre tranquilo. Llegado de un sitio verde como la Irlanda a la que llega John Wayne en la película de John Ford, Javier Fernandez, pregunta por donde se va a Ineffre y los miembros del comité federal, igual que los vecinos en la película, sin hacerle demasiado caso, comienzan una discusión sobre donde se puede pescar mejor.

Recio, prudente noble y conocedor de las minas, no hay hombre con mejores formas y aún diria talante, si Zapatero no hubiera devaluado tantísimo ese término antes.

Javier Fernandez sabe cual es la dificil salida del laberinto socialista, que pasa por Abstención y la reconstrucción de la oposición frente a los separatistas y okupas pasajeros con los que Sanchez estaba urdiendo un gobierno. Lo que está por ver del hombre tranquilo, y bueno si el espejo de su cara no miente, es su capacidad ejecutiva, su decisión, aunque sea dentro de la comisión gestora, para tirar por la calle de en medio, frente a la unidad exigida por las amenazas antiespañolas que multiplican los que quieren dividir para imperar, aún a riesgo de España y lo que sea.

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