Ignacio Camacho

El dilema del PSOE no es el de alinearse con o contra Rajoy, sino el de situarse fuera o dentro del sistema

El dilema del PSOE no es el de alinearse con o contra Rajoy, sino el de situarse fuera o dentro del sistema
Ignacio Camacho. PD

EL problema es el populismo. El dilema de la investidura de Rajoy sólo constituye una mínima expresión del gran debate de fondo del PSOE, que no consiste en situarse más o menos a la izquierda, sino en decidir si quiere estar dentro o fuera del sistema.

En seguir formando parte esencial de la arquitectura institucional de España o en alinearse al lado de los que quieren demolerla.

Al otro lado de esa frontera han acampado Podemos, sus confluencias periféricas y los soberanistas catalanes; el reto de los socialistas, que han sido el gran estabilizador histórico del régimen del 78, radica en definir en qué territorio quieren situarse.

En la Europa central, nórdica y anglosajona, el populismo surgido de la crisis ha cristalizado en partidos xenófobos o de extrema derecha.

En la franja mediterránea nos ha tocado la versión de izquierda rupturista, destilada a partir del bolivarismo y otras variantes latinoamericanas en las que el comunismo buscó sobrevivir con pasaporte falso tras la caída del Muro.

Esa eclosión ha puesto en solfa el papel de la socialdemocracia clásica, desconcertada por el empobrecimiento de las clases medias y la reducción del Estado del bienestar. En la escena española, el fenómeno de la corrupción ha servido de base a un relato nihilista que impugna la tradición democrática incluyendo al Partido Socialista en el bando de la política inservible que debe ser destruida.

Podemos ha desplazado el eje político hacia una izquierda revanchista aglutinada por el discurso del odio, y le ha tendido al PSOE la trampa de retarlo desde una posición en la que le han tomado ventaja.

Pedro Sánchez cayó de pleno en ese cepo porque sólo pensaba en La Moncloa; carecía de proyecto propio y de estrategia de luces largas. La rebelión que lo ha derribado fue organizada por los barones con poder institucional, fieles a la antigua vocación de partido de Estado. Un partido sistémico ante cuyas victorias la gente no sentía miedo al margen de lo que cada cual hubiese votado.

Iglesias tiene la ventaja de que no engaña por mucho que mienta con lenguaje de circunstancias.

Su designio de agresividad está impreso en su propia mirada. Con ella no sólo amenaza al centro-derecha, sino que desafía al socialismo a elegir bando. Sánchez eligió el equivocado, el frentepopulista, el que conduce a los bloques enfrentados, donde el PSOE no tiene más sitio que el que le dejen los rupturistas en el campo que ya han ocupado.

La tarea del próximo liderazgo socialdemócrata es la de devolver al partido a su posición de fuerza estructural y ensancharla desde un programa reformista moderado. Eso requiere capacidad de prescripción, ausencia de complejos y orgullo identitario. No se trata de Rajoy sí o Rajoy no, sino de Podemos sí o Podemos no.

Al PP siempre le podrá volver a ganar mientras lo mantenga como adversario; el enemigo es el que te ataca por tu mismo lado.

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