Ignacio Camacho

La deconstrucción de Alaya

El caso de los ERE sufre un vuelco, un viraje del criterio instructor que supone una deconstrucción del sumario

La deconstrucción de Alaya
Ignacio Camacho. PD

POR independiente que sea la justicia española, que lo es, en los grandes casos políticos existe un margen de discrecionalidad que beneficia al que mejor sabe manejarse entre las bambalinas del Consejo del Poder Judicial. En ese resquicio permeable a la influencia tiene demostrada el PSOE mayor soltura, habilidad y determinación estratégica.

Así, mientras el juicio Gürtel avanza hacia su conclusión con el PP en el banquillo en medio de gran estruendo mediático, su correlato de los ERE está sufriendo un vuelco a cencerros tapados. La salida de Mercedes Alaya ha propiciado un viraje del criterio instructor que en la práctica supone una deconstrucción del sumario.

Algunas decisiones de la juez Bolaños, aterrizada sobre el polvorín desde un juzgado de familia, revocan de plano las tesis de su antecesora, que rumia en la Audiencia sevillana un aislamiento claro.

Su sustituta ha validado un ERE de Jaén que carga de optimismo a los procesados; en resumen viene a considerar que las ayudas son legales y sólo existe delito cuando hay intrusos estampillados. Bolaños ha anulado además la pieza política del caso de los cursos de formación, descargando de responsabilidad al Gobierno de Susana Díaz y liberando a la presidenta andaluza de cualquier mochila judicial que lastre sus planes de futuro.

El nuevo enfoque de la instrucción ha envalentonado a la Junta, que ha visto la oportunidad de pedir el archivo de la causa contra Chaves y Griñán, erigida ¡¡como acusación particular!! en abierta defensora de los imputados. La longa manus del consejero Emilio de Llera mueve hilos entre bastidores con destreza para aprovechar el deshielo de este cambio climático.

Al fondo del asunto late una completa revisión de la tesis de Alaya, que cimentó su exhaustiva pesquisa sobre la idea de un sistema viciado de partida por la decisión política de crear fondos opacos.

Si triunfa el planteamiento revisionista, claramente exculpatorio para el régimen autonómico, se desplomará el andamiaje del caso. La clave del giro estuvo en el momento en que la propia magistrada solicitó un ascenso que se convirtió en su gran paso en falso, pensando que podría seguir desde su nueva plaza a cargo del sumario. Pero el Poder Judicial, con mayoría del PP, le denegó la comisión.

El documentado y reciente libro de la periodista de ABC Mercedes Benítez viene a sugerir que Alaya creyó promesas que no se cumplieron. O que acaso fueron formuladas a sabiendas de que no se podían cumplir.

De un modo u otro, el nuevo sesgo procesal es evidente y conduce a una minimización de responsabilidades políticas. A base de carpetazos parciales, el encuadre del fraude sistémico está quedando desmigajado. El mayor escándalo de clientelismo de España empieza a diluirse en un marasmo. Alguien ha hecho un trabajo fino a partir de que la juez estrella pisara con sus elegantes stilettos una cáscara de plátano.

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