Santiago López Castillo

Nobel: No es eso, no es eso

Nobel: No es eso, no es eso
Santiago López Castillo. PD

Me sumo a la discrepancia del Nobel de Literatura. Hacer música, o sea componer, no es elaborar un libro ni tampoco un libreto, que eso está muy bien para la ópera y la zarzuela. Bob Dylan podrá ser un icono de juventud e incluso de la vejez o decadencia pero nunca un nobel (pronúnciese como si llevara acento en la e porque de lo contrario sería el equivalente a nuevo) de Literatura. Pienso que con el nombramiento del canta-autor norteamericano, cuyo DNI es Robert Allen Zimmerman, la Academia sueca ha desvirtuado el galardón de la escritura universal. Hasta los suecos se han vuelto locos por querer ser progres y yo que creía que esta fiebre sólo se inoculaba en España.

Vergüenza les dará, allá dónde estén, a esa colección de genios de la escritura, desde nuestro Echegaray, Thomas Mann, Tagore, el egipcio Mahfuz, a García Márquez pasando por mi eterno C. J. C., que nunca se llevó con el colombiano de «Cien años de soledad», sin olvidar, por supuesto, al poeta de los poetas, Juan Ramón, precursor del amor a los animales. Pero, oiga, el Bob Dylan, venerado e idolatrado por el maniqueísmo cutre, no es el exponente con que Octavio paz definió la lengua como el mayor signo de la condición humana.

Por ese dos por tres, y en esta deriva que llevan los premios Nobel, no sería de extrañar que en la próxima edición los galardonados fueran o seriasen los grafiteros. Este espécimen urbano que se recrea pintando las paredes de los edificios, los vagones del Metro, sus cocheras y su puta leche. Yo tengo a Elvis, Los Platters, Joan Baez, Donovan, Los Betales… y a los Cinco Latinos. Pero a nadie se le ocurrió dar el máximo galardón literario a los «escarabajos» de Liverpool. Los más grandes de la música moderna y contemporánea.

Luego vinieron los que vinieron. Y ya me refiero a España.
-¿Y usted quién es para opinar?
– Un periodista y escritor que tiene publicados más de una veintena de libros y cientos de artículos en la prensa nacional.

Pero le diré una cosa: una amante mía, muy amante, me dijo que yo llegaría a Nobel de Literatura y ella, del Opus Dei, contestela yo que llegaría a puta. No acertamos ni al arco iris.

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