Santiago López Castillo

Los independistas también decapitan

Santiago López Castillo

Los independistas también decapitan
Santiago López Castillo. PD

Decía mi amigo Cela que nunca es saludable echar leña al fuego en las piras en las que ya ardió alguien, en las hogueras en las que ya ardieron ilusiones, voluntades y sueños de ingenua perfección. Vivimos tiempos de resentimiento, de odio, derivados de la guerra civil. La izquierda cainita está dispuesta a rememorar la contienda que perdieron. Ya que ellos la impulsaron (no Franco) y no la ganaron por las armas ni por los pelos, la están reivindicando ahora con la palabrería del charlatán, el crecepelos, el acoso y derribo, el insulto y la amenaza amputando figuras de la historia (no la de Carrillo, la Pasionaria, Largo Caballero, Besteiro etc.) sino del jefe del Estado que potenció Cataluña y las Vascongadas, y así hasta nuestros días. Hoy, de azufre infierno.

Estas lumbreras que nos quieren gobernar, María Cristina, han decidido decapitar la estatua ecuestre de Francisco Franco Bahamonde en el Born de Barcelona, obra del escultor catalán Josep Viladomat. El hecho me parece de una gran valentía. Siempre a traición. Estos secesionistas me recuerdan a los fanáticos islamistas que ejecutan a los presos de occidente de un solo tajo pero piden, en cambio, que Estados Unidos libere a los asesinos de las Torres Gemelas enfundados en color naranja de mierda. Me advierte mi amigo y lector Julián Lumeras, desde La Coruña, que vea a través de Google -ese libro abierto de la cibernética- las imágenes de cuando las tropas de Franco entraron en Barcelona al son alegre de la paz. Todos, brazo en alto y con la camisa nueva. No hace falta echar mano de este documento más real que virtual. Lo tiene la Agencia Efe. Y a él me he referido en otros comentarios míos sobre la sinrazón catalanista.
La diferencia entre la propaganda victimista y sectaria es que la agencia informativa del Estado tiene a bien no reabrir heridas ya cicatrizadas y démonos fraternalmente la paz.

Mas no. La izquierda añorante, más esos aldeanos con chapelas y barretinas, sigue con su propensión al suicidio, no al de ellos, sino al nuestro, detente, estás detenido. Sálvate si puedes. Luego venía el paseíllo… Hoy, en un 4 x 4 y tiro porque me toca. Que Dios me perdone, pero para mí tengo que las derrotas políticas y militares no se restañan con zarzueleras actitudes de juegos florales.

Dejen a los protagonistas de la historia en paz. Sin resentimientos. El último, en estas malas artes, ha sido Felipe González, acosado (no digan escrache, vocablo argentino) por esa horda de cafres que han hecho de nuestras universidades un campo de batalla al grito de «se puede», se va pudiendo, hasta la cocina. Son días de una anarquía pura y dura. Que disfruta pisoteando las cabezas de la policía y la guardia civil. Y no pasa nada. Así nos luce el pelo.

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