Santiago López Castillo

Patético

Patético
Santiago López Castillo. PD

Su vanidad es tan gruesa que tuvo que elegir el día de la investidura para centrar la atención de los medios y de los extremos. Él, ese ser supremo del socialismo, rodeado de flashes y cámaras de televisión. La destronada reina por un día afloraba lágrimas de cocodrilo en una intervención patética, propia de un mediocre actor, entiéndase meritorio. Quince minutos, quince, para decir que dejaba su acta de diputado porque su política es no y mil veces no. El caso era criticar a Rajoy desde el burladero y no a pecho descubierto y cuando lo hizo fue a través del insulto lo que demuestra sus «buenas maneras».

El pollo -empleado de la planta de caballeros de El Corte Inglés- siguió en su mal estilo agrediendo asimismo a la gestora del PSOE. Le babeaba la soberbia, el rencor, la ira, la vanidad. Echó mano de la militancia, todo para el pueblo pero sin el pueblo. Y dijo que se echaba a andar pero en coche; casi igual que Cafrune que viajaba en Cadillac por toda Argentina pero cuando llegaba a los pueblos le sacaban el burro y entraba en su particular domingo de ramos. En mi larga profesión periodística, nunca vi un ser tan envanecido. Pero él sigue confiando en sí mismo. No lo dirá por su lugarteniente Antonio Hernando que después de ladrar el «no» según le hostigaba su amo, cambió la chaqueta que es hábito muy común de la política (se me viene a las mientes un tal Versgtrynge que de apalear a los sarracenos arremete verbalmente a los que le llevaron en volandas a la secretaría general de AP, hoy en los tribunales, él, por los insultos y amenazas al PP).

Al fatuo Sánchez, siempre le importó su ego y una higa; es, por tanto, un cadáver político dada su desmesurada ambición política. Por más que tire de las bases o de los huevos podridos de su partido, está condenado al fracaso. ¿Y de qué va a vivir el elemento? De su forraje parlamentario y, si es preciso, de las tarjetas black a las que tuvo acceso en Caja Madrid pero que los medios afines a él callaron. Sánchez ansía unas «primarias» para volver a coger el cetro socialista, y a lo peor la tonadillera sale entonces y canta lo de «ya es tarde, no hay remedio».

Nuestro indigente cultural -sobresaliente cum laude del zapaterismo- se va con viento fresco, se supone, ojalá, pero me refiero a mi aserto de la defenestración: «Bicho malo nunca muere». Al tiempo.

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