Angeles Escrivá

ETA y el efecto de la irrelevancia

ETA y el efecto de la irrelevancia
Angeles Escrivá. PD

Sobre la detención este 5 de noviembre de 2016 de Mikel Irastorza en Francia hay dos escuelas de pensamiento, o menos frívolamente, hay dos tesis: la de quienes dudan de que fuese en realidad el máximo jefe de ETA y la de quienes dan por seguro -habida cuenta su actitud y su pasado como comisario político de Ekin- que fue aupado a la máxima responsabilidad al frente de la organización al ser detenidos David Pla e Iratxe Sorzabal, con quienes compartía un puesto en el Comité Ejecutivo.

Quienes expresan sus dudas, en realidad lo que quieren hacer ver es que ETA es un verdadero desastre en estado más que terminal, cuya dirección puede estar en manos de cualquiera de los cinco o seis terroristas que permanecen escondidos en Francia y que se arrogan su pertenencia a una estructura de entidad más que cuestionable.

Los que sí dan credibilidad a la posición de Irastorza como jefe de la banda lo hacen porque, obviamente, tienen pruebas. No obstante, coinciden en diagnosticar esa situación de descomposición que habría heredado Mikel Barrios, un tipo de 28 años forjado en los procedimientos de diálogo y negociación del terrorismo callejero (mal llamado kale borroka).

El núcleo duro de la ETA que habría quedado en manos de Barrios está formado por unos 15 terroristas -otras fuentes señalan que los identificados, no los legales, no pasan de la media docena- entre los jóvenes que aparecen como más buscados en la página web de las Fuerzas de Seguridad (Arambarri Etxaniz, Oier Egidazu o Eneko Aguirresarobe). A ellos se añaden algunos veteranos de los que regresaron de Iberoamérica cuando ETA ordenó la vuelta de sus huidos sin causas pendientes y que, a su paso por Francia, decidieron reincorporarse a la organización.

Hasta hace un par de años se les detenía en hoteles o casas rurales, a pesar de todas las cautelas que, disciplinadamente, adoptaban: conscientes del control de la administración francesa sobre este tipo de servicios, pasaban por su habitación apenas para cambiarse de ropa o ducharse y el resto del tiempo vivían escondidos en el monte, en sus coches, en los que incluso dormían por miedo a ser detectados. Ahora, como demostró la detención de Irastorza, se ocultan como antaño en los domicilios de simpatizantes -pocos- que en su día hicieron llegar a ETA su predisposición a servirles de infraestructura y permanecen encerrados en esas casas durante meses. La dirección, que es la que tiene el dinero, les hace llegar a través de colaboradores legales, un sueldo de unos 1.000 euros y con eso sobreviven a la espera del desenlace.

La detención de Mikel Irastorza es un fuerte golpe psicológico a la organización por estas circunstancias y por otras acaecidas en los últimos meses. La actual dirección de ETA había tomado dos iniciativas reseñables: por fin había conseguido acabar el recuento y constatar la geolocalización de sus zulos, la única moneda de cambio que tiene en la negociación con los Estados español y francés a la que todavía aspira. Además, había enviado varias cartas al Gobierno galo solicitando la apertura, precisamente, de una vía de entendimiento.

En una decisión sin precedentes, el Ejecutivo de Françoise Hollande, probablemente influido por la presión realizada por varios partidos de la zona de los Pirineos Atlánticos -no necesariamente de izquierdas-, había ordenado que se establecieran contactos con la banda siempre que se garantizase una discreción máxima.

La orden quedó neutralizada al trascender la noticia de la predisposición francesa a tantear a ETA. Pocos días después, uno de los grandes arsenales de la organización fue desmantelado. Llevaba localizado desde principios de año y las Fuerzas de Seguridad habían llegado a la conclusión hacía ya meses de que los etarras, por seguridad, no iban a pasar por allí, pero eso no implica que ETA, en caso de abrirse una vía de contacto no aspirase a ponerlo encima de la mesa como una de sus bazas.

Esa operación de la Guardia Civil mermó sus potencialidades y no cabe duda de que la detención de ayer puede aumentar la sensación de acorralamiento de sus integrantes. Asimismo, envía un mensaje claro sobre lo perentorio de su situación, sobre la posibilidad de que la organización acabe disuelta de facto tras un goteo largo de detenciones y el desmantelamiento de sus escondites, y que sus presos y huidos queden con menos expectativas de mejorar de las que tienen en estos momentos.

Según las fuentes consultadas, los presos han ido experimentando una mayor sensación de frustración y desorganización a medida que ha pasado el tiempo, exponencialmente agravada por las operaciones contra el colectivo de abogados de ETA que serán juzgados -y éste es un dato también relevante- a principios del próximo año.

A pesar de que la detención de Irastorza constituye el enésimo aviso importante, los expertos admiten que «si ETA quiere seguir cavando en su hoyo y arriesgándose a enterrar a sus presos en él, puede seguir haciéndolo». Porque tanto Irastorza -quien, lejos de ser un posibilista, estaba alineado en las posiciones más duras cuando era comisario político de la banda- como Barrios -del que se dice que es un «descerebrado» tan radical como Txeroki- tienen la senda marcada.

Tras el cese definitivo de la violencia, una vez consultadas las bases, la organización decidió que no se iba a disolver, que quería quedar como una entidad de influencia política y que debía abrirse un proceso de negociación con los Estados español y francés.

En aquellos momentos estaba convencida de que estaba en condiciones de influir en la libertad de sus presos, garantizar el regreso de los huidos aún con causas pendientes y dictar los designios políticos del País Vasco. Intentaba apuntarse algunos logros a pesar de su derrota operativa. Su soberbia fue desinflándose y acabó aceptando el relevo de la izquierda abertzale no sólo en la iniciativa política sino también en la negociación sobre el destino de sus reclusos. Pero, si no hay cambios, la maltrecha dirección de ETA -aunque el llamado Comité Ejecutivo esté formado por cinco miembros de relevancia descriptible-, seguirá intentando crear un contexto en el que no aparezca como una organización vencida.

La última nota de la banda hecha pública el 28 de octubre anticipaba a los «agentes vascos e internacionales que adoptará nuevos compromisos». Días antes, el Foro Social permanente de Aiete, impulsado por la izquierda abertzale, solicitaba a la banda un desarme ante agentes vascos verificado internacionalmente.

Está por ver cuánto tardará el sustituto de Irastorza en escenificar su promesa, qué pedirá a cambio, y si la banda y la izquierda abertzale -que tanto ha trabajado en algunas instituciones francesas por salvar su relato- se resignan a que la vía gala de presión -esa o cualquier otra- sobre el Gobierno español, quede cegada. Al fin y al cabo, ETA ha comprobado la poca relevancia que tiene cuando se le ignora.

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