La Marea de Pérez Henares

Los deberes

Nada más coherente con ciertos comportamientos de los españoles que una rebelión de “papiprogres” contra los deberes en la escuela y por ende contra los maestros. Nada mas lógico en un país que lleva décadas confundiendo disciplina con represión y autoridad con dictadura y, con tal premisa, abjurando como apestados de lo que son valores, virtudes y normas esenciales en el comportamiento, aprendizaje y desarrollo humanos.

Convertidos los padres, en el hogar, en “colegas” permisivos y acomplejados oferentes de regalos y dádivas sin que haya contraprestación de mínima actitud por la otra parte se traspasó la aberracíon a la escuela privando al maestro de la mínima autoridad y dejándolo ya no solo expuesto a la tiranía y abusos (y las reiteradas agresiones verbales y hasta físicas) de los presuntos enseñados sino que para más inri no es infrecuente el caso de la intervención paterna, incluso para rematar faena con golpes, en apoyo de los consentidos impúberes o ya púberes con pelusa. Aquel terrible y bestial dicho de los años oscuros de “la letra con sangre entra”, felizmente y para siempre desterrado, dio paso a un pendulazo tan en sentido contrario que ahora podría decirse que con sangre sale, la letra digo, pero con la de los maestros.

¿Exageración?. Pues no crean que tanta, que los acasos son abundantes y reiterados. Que no se quieran exhibir y hasta se oculten es otra cosa, pero basta con hablar con los educadores y fuera de antojeras ideológicas y mareas para percibir que tenemos ahí un problema, un gravísimo problema que está en la base de muchos otros que nos están afectando y demoliendo. Si desde el inicio de nuestras vidas la cultura del trabajo y del esfuerzo se ha subvertido por la de “mas me des que más me merezco” por el simple hecho de mi existencia y para nada de mis actos pues lo que acabamos por generar es un alud de “derechohabientes” para quienes la palabra deber resulta repulsiva y a extirpar de nuestra existencia de manera inmediata. Con una segunda e inmediata derivada. “Mi” libertad y derechos no tienen limite ni barrera alguna y esto lleva a que puedo conculcar las libertades y derechos de los demás, de todos que no sean yo y mi mismidad, ya no cuento si se juntan mas o hasta se pretenden adalides de alguna causa, con total impunidad. Y si alguien osa contradecirme será un facha y un represor. Y puede acabarse en que eso de la democracia solo vale si gana lo mio y los mio.

Urge , y ya es tarde, de una vez por todas un pacto educativo, con voluntad de continuidad y no sometido a vaivenes políticos, que ponga fin a una incuria que dura ya lustros y nos tiene en la cola de Europa. Será cuestión de dejar atrás la Lomce, ni siquiera aplicada, pero también toda la caterva de LOGSEs, algunos de cuyos efectos no han podido ser mas perniciosos y dañinos, y consensuar una sensatez básica y unos valores y principios mínimos. Una vez, con Ángel Gabilondo de ministro, estuvo a punto de lograrse. Ojala sea ahora por fin llegado el momento.

En cuanto a la “huelga de deberes” de los niños en la escuela y la conjura de los papiprogres incitándoles a la desobediencia ante el maestro (corregir excesos es muy diferente cosa) resta decir que a no mucho tardar sufrirán en propia carne sus consecuencias. Ellos son la mayor cadena de producción de tiranuelos infantiles y la mayor fabrica de creación de ni-nis parásitos. La “disfrutaran” mañana mismo. Pero no estamos dispuestos a tenerla que sufrir todos. Porque esa pretensión, esa total alegoría para toda nuestra sociedad, de “prohibir los deberes” no deja de ser el mejor ejemplo de a donde hemos desembocado como sociedad. Pretender ser portador de todos los derechos sin deber alguno. Derechos y deberes son caras indivisibles de una misma moneda donde se funda y funden libertad y democracia. Sin los unos no existen los otros y sin ambos no existe ninguna.

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Autor

Antonio Pérez Henares

Ejerce el periodismo desde los 18 años, cuando se incorporó al diario Pueblo. Ha trabajado después en publicaciones como Mundo Obrero, Tiempo, El Globo o medios radiofónicos como la cadena SER. En 1989 entró al equipo directivo del semanario Tribuna, del que fue director entre 1996 y 1999. De 2000 a 2007 coordinó las ediciones especiales del diario La Razón, de donde pasó al grupo Negocio, que dirigió hasta enero de 2012. Tras ello pasó a ocupar el puesto de director de publicaciones de PROMECAL, editora de más de una docena de periódicos autonómicos de Castilla y León y Castilla-La Mancha.

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