Manuel del Rosal

El porno callejero viaja desde Las Ramblas hasta Atocha

Para la prostitución el amor es una farsa en un solo acto: el sexual

El porno callejero viaja desde Las Ramblas hasta Atocha
Manuel del Rosal García. PD

A que distancia del fondo está todavía la degradación de algunas mujeres. Y a que nivel de hipocresía está esta sociedad que lo consiente, aplaude y alienta

El oso madrileño que trepa sobre el madroño dio un brinco para asomarse al paseo del Prado. El oso quería confirmar los rumores que le habían llegado sobre el rodaje de películas pornográficas en la ciudad de la que es representante e icono. No se lo creía, pues la alcaldesa Carmena y sus conmilitones en el ayuntamiento declararon nada más hacerse cargo del gobierno que uno de sus objetivos era hacer de Madrid una «ciudad sin violencia de género». El oso quedó estupefacto, perplejo y estuporizado ante el deprimente espectáculo que ofrecían unas mujeres en pellejo puro mostrando sus cuerpos en carne viva, mientras eran arrastradas por cadenas y obligadas a andar a cuatro patas, paradigma del maltrato a la mujer. La imagen viva de la degradación de la mujer como tal y como persona, y que a Carmena y su séquito de concejales de izquierdas, progresistas y de buen rollito no les parece mal. Y como les va a parecer mal si el ayuntamiento que ella – la alcaldesa Carmena – preside tiene como portavoz a Rita; esa joven que asaltó una capilla con el torso desnudo gritando: «menos rosarios y más bolas chinas». Y junto a Carmena y su cabila de progres que nada dicen ni nada hacen para evitar que una panda de prostitutas profanen las calles y monumentos de Madrid y escandalicen a los madrileños incluidos niños y niñas, están las feminazis que se desgañitan en Primark gritando «¡La talla 38 nos aprieta el chocho! y que, tanto en Barcelona como en Madrid, asisten impertérritas a la degradación de la mujer tratada desde como objeto sexual, arrastrada como un animal y flagelada como un galeote. Y si uno se lo piensa encontrará que lo que estas feminazis entienden por libertad de las mujeres consiste en darse un paseo tal como sus madres las trajeron al mundo, desde Atocha hasta el museo del Prado.

Antes en Barcelona y ahora en Madrid el rodaje de películas porno ponen de manifiesto lo que en común tienen los ayuntamientos de ambas ciudades que están gobernadas por Colau y Carmena: que la historia de sus calles, de sus monumentos, de sus jardines, de la ciudad entera les importa a ambas ediles una mierda y, lo que es peor: que le dignidad de sus ciudadanos a los que dicen gobernar, incluidas madres que pasean con sus niños y que no tienen por qué ver, ni aguantar tales manifestaciones de humillación a la mujer y escenas deplorables en las que rebajan el amor a purititas desviaciones de pervertidos; se vea pisoteada sin que ni Colau ni Carmena muevan un dedo para evitarlo. Pero claro, los catalanes han votado a Colau libremente y los madrileños a Carmena también libremente, y las han votado cegados por el oropel del progreso que prometían estos nuevos políticos, progreso que, hasta ahora, se ha traducido en ondear banderas indígenas y arco iris, en dejar que los manteros se adueñen de las calles y en permitir atravesar Madrid a prostitutas en cueros vivos, además de amordazadas, encadenadas y flageladas. Los madrileños y los barceloneses no pueden ahora quejarse de ver como sus ciudades están siendo utilizadas como platós para el rodaje de películas porno.

El oso ha vuelto a su madroño con lágrimas en los ojos preguntándose cómo ha sido posible que su Madrid, ese que se ganó la frase «De Madrid al cielo», se haya convertido en un plató de cine porno. Se ha convertido en ello, querido oso, porque los que permiten semejante suciedad y vileza han sido votados por los madrileños.
Manuel del Rosal

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído