Manuel del Rosal

Día Universal del Niño. (1) Vuelo 435-RL destino: la depravación y la perversión

Ayer fue el Día Universal del Niño. De algunos niños diría yo

Día Universal del Niño. (1) Vuelo 435-RL destino: la depravación y la perversión
Manuel del Rosal García. PD

“La sociedad es un organismo podrido que se conserva bajo el hielo de la hipocresía” Enrique Jardiel Poncela, escritor y dramaturgo español

Ya están acomodados en sus asientos. La mayoría sonríe. Algunos comentan con el vecino de su lado. Otros, que han venido en grupo, hablan en voz alta. Se abrochan los cinturones segundos antes del despegue y se las prometen muy felices en el destino que han elegido. Poco después la gentil azafata se inclina ante ellos para, con una sonrisa perfectamente ensayada, ofrecerles bebidas. Antes, el comandante del vuelo les ha dado la bienvenida. Todo está en orden. Sin embargo, nada está en orden. El avión en el que viajan pertenece a un tour operador de viajes de sexo con niños y niñas. El comandante lo sabe, el sobrecargo lo sabe, la azafata lo sabe y el personal auxiliar lo sabe. Todos lo saben y todos viven de explotar a unos inocentes niños que estarán marcados para toda su vida. Pero ¿lo saben los pasajeros sonrientes que se las prometen muy felices? Ellos lo saben más que nadie porque ese tour operador funciona porque ellos, odres de vileza, cubas de depravación, sacos de degeneración y perversión; demandan semejantes viajes de turismo.

Al llegar a su destino se alojarán en un buen hotel repleto de comodidades, que forma parte del tinglado montado por el tour operador para poner a disposición de los depravados viajeros, a los pobres niños y niñas que serán las víctimas inocentes de sus vicios, depravaciones y perversiones por unos cuantos dólares. Los viajeros – perdón, los odres llenos de vileza – una vez acomodados se ducharán para quitarse el cansancio del viaje y, desde ese momento, estarán preparados para violar, corromper y maltratar a niños y niñas sin piedad alguna. Una vez satisfecha su perversión volverán al hotel, a sus habitaciones equipadas con todas las comodidades, se asearán y bajarán al comedor a cenar y comentar la vil experiencia vivida como si de una visita a un museo se tratara.

De vuelta a sus ciudades retomarán de nuevo los papeles que desempeñan en la sociedad. Unos serán médicos, otros abogados, otros padres de familia amantísimos de sus hijos; los habrá que ejercen de políticos, de educadores; otros serán banqueros, policías y un largo etcétera que abarca casi todos los estratos de la sociedad y casi todas las profesiones. Envueltos en sus ropas de trabajo, taparán con ellas la desnudez moral de sus cuerpos y de sus almas para aparecer ante sus vecinos, compañeros de trabajo, familiares y amigos como personas honestas totalmente integradas en la sociedad. Eso será hasta que el próximo viaje organizado para vejar, dominar, violar, pervertir y corromper a inocentes niños y niñas haga aflorar la negrura de sus almas, la dureza de su corazón, el pus verdoso de su lujuria, la podredumbre infecta que ocultan con el barniz que recubre su suciedad moral, para así poder caminar en una sociedad que ni se preocupa por los niños y evitar una justicia que nada ve ni nada quiere ver. Mientras, miles de niños y niñas inocentes ven como mancillan sus cuerpos y pervierten sus almas en un aquelarre de miseria moral de unos hombres y mujeres que de humanos tan solo tienen la apariencia física. Ayer fue el Día Universal del Niño.

La sociedad crea el Día Universal del Niño para acallar su mala conciencia. Si la sociedad se preocupara de verdad por sus niños, estos nunca serían pisoteados en sus cuerpecitos y en sus virginales almas y demandaría a la justicia tomar decisiones para evitar tanta explotación infantil que, estoy seguro, no para ni siquiera en el día en que se celebra el rimbombante «Día Universal del Niño»

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído