Victor Entrialgo de Castro

Retrato de un cursi y su rebaño

Retrato de un cursi y su rebaño
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

La personalidad de los políticos, al margen de su simpatía o antipatía, interesa en tanto afecta a lo que políticamente hacen o pueden hacer con el poder caso de que lo tengan o lo llegaran a tener.

Pablo Gross ha estado sembrao. Pablo Iglesias, al menos públicamente, antes que un antisistema, es fundamentalmente, un cursi, que como todo su rebaño, trata de aparentar pretenciosamente una complejidad que no tiene. Esa es la esencia de Pablo Iglesias, por encima de su egolatría, su violencia contenida y su discurso populista.

Claro que su condición humana aflorará en la cercanía en algún momento en alguna parte, pero eso aquí no interesa, lo que importa es que cuando en el parlamento de la Nación, encabezando a sus mesnadas, se niega a hacer un minuto de silencio, como todos los demás diputados, en memoria de Rita Barberá la misma mañana de su muerte, su negativa y excusa de que es un homenaje tiene unas dosis de cretinez, cursilería y mal gusto que lo aproxima a los animales edulcorados que pueden rebuznar.

Lo que legitima un poder es la forma en que se trata de alcanzarlo. Por eso estos que dicen poder, confesando en su bautizo lo único que persiguen, están cada vez más desacreditados. España es un pais peculiar, incomprensible a veces pero, aunque sea entre cuarenta y siete millones, si después de todo lo que estamos viendo cinco millones admiten que todo vale y que el fin justifica los medios, es que España está más enferma de lo que aparenta.

Es cierto que Sanchez o Iglesias coinciden en la soberbia. Eso no lo borra ni el fotoshop más moderno. Esa condición raramente tiene rendición porque está en el tuétano de la personalidad y eso no se cura ni nombrándote cardenal.

Pero la forma que elige para salir a la luz esa soberbia es la cursilería de su permanente pose y su voz de caldera ya sea en declaración o en entrevista-masaje. Ese pensamiento de que va a transformar el mundo cada vez que habla; esa sonrisa sarcástica y maléfica en su escaño despues de cada provocación en falsete desde la tribuna del Parlamento que socava los fundamentos de la paz social; ese listo que deja de serlo cuando se pasa el dia tratando de demostrarlo, mientras su voz se olvida de los circundantes y asciende hasta los arcángeles podemitas que con espadas recogerán su cursilería para tomar el cielo por asalto. Seguimos sin saber qué cielo y qué asalto, aunque vamos viendo lo que son capaces de hacer en un velatorio y cómo tratan de roer lo que la sangre, el sudor y las lágrimas de todo un siglo costó conseguir.

Podemos es una farsa. Un rebaño despersonalizado que busca ocupación siguiendo a un Mesías a la puerta de un colegio. No es un partido, no es un grupo de chavales bienintencionados, –salvas las excepciones-, es un grupo de jóvenes en su mayoria insolentes que desaparecerán de la escena política española, más tarde o más temprano.

Y entonces, como cuando teníamos un póster y éramos legítimamente más jóvenes, antes de evolucionar, todos cantaremos que aqui se queda la clara, la entrañable transparencia, de tu cansina presencia comediante Pablo Iglesias.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído