Carlos Rubio Romo

Los comPPlejos de la derecha (y 4)

Los comPPlejos de la derecha (y 4)
Carlos Rubio Romo

Si en algo ha ganado la batalla de la propaganda la Derecha-melindrosa es en hacer creer a la opinión pública que su política económica es diferente de la de la izquierda. Es más, reconocen abiertamente haber renunciado a cualquier otra batalla contra la izquierda y se presentan únicamente como «buenos gestores» y «serios». En esa gran mentira la izquierda ha colaborado ardientemente presentando al PP como el partido de los recortes, los amigos de los banqueros, los que bajan impuestos a los ricos…en fin, todas las caricaturas de las que los maestros de la mentira son capaces.

Pues bien, ni siquiera en eso podemos encontrar objetivamente diferencias apreciables entre la política económica del PP y la del PSOE. De C’s ni hablamos porque su programa no es más que un mejunje imbebible, mezcla de tonterías de uno y otro partido. Una pena que un señor como Luis Garicano haya caído tan bajo. Allá él.

Un partido serio de derechas debería caracterizarse por:

• Tamaño mínimo del Estado. Ya saben, principio de SUB-SI-DIA-RIE-DAD para que el Estado no sustraiga a la Sociedad la oportunidad de organizar eficazmente la actividad económica.

Una forma relativamente correcta de medir eso es el porcentaje de gasto público respecto al PIB de la nación. Cuanto más pequeño es el Estado (entendiendo por Estado el sector público) más pequeño es ese porcentaje.

• Una consecuencia de eso es la disminución del mal llamado, pero muy mal llamado, Estado de Bienestar que como ya explicábamos en un artículo anterior, no es sino una forma de infantilizar a la gente, clientelizarla y empobrecerla, a pesar de la machacona propaganda que nos dice lo contrario.

• Equilibrio presupuestario. De nada sirve vivir por encima de sus posibilidades. Se consume ahorro desviándolo del mucho más eficiente sector privado, se dedican miles de millones de euros a pagar intereses de la deuda, se distorsiona el sistema de precios con subvenciones, ayudas y demás elementos clientelares financiados con deuda pública y se disminuye la confianza en la solvencia de la nación con lo cual los intereses a pagar por la deuda son más caros entrando en un círculo infernal.

La mejor forma de medir eso es con el déficit público.

• Impuestos mínimos si el sector público a financiar es pequeño. Se entiende por impuestos no sólo los directos (IRPF, Sociedades, Sucesiones) y los indirectos (IVA) sino también las cotizaciones (SS, paro, formación) que no son sino otra forma de impuestos.

Para los que, desde una pequeña parte de la pequeñísima verdadera derecha que queda, estuvieran tentados a llamarme de todo (¡liberal! y otras lindezas por el estilo…que algún pobre imbécil, presunto portavoz para más señas, ya me ha llamado) simplemente decirles que esas ideas se inspiran no en cualquier peligroso plutócrata, sucio explotador y capitalista redomado sino en la Escuela de Salamanca que brilló en la Universidad del mismo nombre en el s. XVI (¿dónde si no?) formada íntegramente por clérigos y, según Schumpeter, el grupo que más se merece el título de fundador de la Ciencia económica.

Por ejemplo, Diego de Covarrubias, obispo que fue de Ciudad Rodrigo y de Segovia, consideraba que los propietarios tenían no sólo derecho de propiedad sobre el bien sino que también, tenían derecho exclusivo a los beneficios que pudieran derivarse del bien.

El jesuita Luis de Molina consideró a la propiedad privada una institución de efectos prácticos positivos ya que, por ejemplo, los bienes eran mejor cuidados por un dueño que si eran de propiedad comunal.

Respecto al dinero, el valor y el precio, el franciscano Luis de Alcalá junto a Diego de Covarrubias y Luis de Molina desarrollaron una teoría subjetiva del valor y del precio que, expresada en términos actuales, era una defensa del libre mercado, donde el precio justo venía dado por la oferta y la demanda.

Podríamos escribir no un libro sino una enciclopedia entera sobre los incumplimientos económicos de la derecha. Quizá algún día. De momento vamos a dar unas pinceladas sobre algunos datos catastróficos.

Vaya por delante que yo no soy un ardiente defensor de la política económica del general Franco pero pienso que hasta el más recalcitrante socialista reconocerá que con Franco la Sanidad era pública y universal, que la Educación era pública y universal que las pensiones eran públicas, que se construyeron miles y miles de kilómetros de carreteras, docenas de embalses (muchos más que en los cuarenta años que llevamos de presunta democracia) y miles de kilómetros de vías férreas. Pues bien, Cuando muere el general Franco en 1975, el porcentaje de Gasto Público respecto al PIB es de apenas el 24%. Que, en mi opinión, ya era elevadísimo pero permitía ofrecer globalmente las mismas prestaciones que el Estado omnipresente actual.

En 2015, el porcentaje de gasto público respecto al PIB fue del 43,2%, esto es, las Administraciones Públicas gastaron 468.421 millones de euros, ¡¡¡más de 78 billones de las antiguas pesetas!!! ¿Tiene acaso Ud., amable lector, la sensación de que gracias al sector público Ud. vive quince veces mejor que hace cuarenta años? ¿Qué, por ejemplo, los kilómetros de carreteras se hayan multiplicado por quince? ¿O quizá Ud. piensa que el dinero que Montoro nos roba todos los meses se está derrochando en pagar a los concejales de la ETA en Vascongadas o en pagar «embajadas» catalanas en el extranjero o en construir aeropuertos donde no aterriza ni un solo avión o en pagar subvenciones a organizaciones extranjeras de lo más variopinto o en pagar operaciones de cambio de sexo a algún desequilibrado o en financiar el genocidio abortero?

El último año de (des)gobierno de aquel avaro mental llamado ZP tuvimos un derroche público de 490.261 millones de euros. Ya ven Uds. que cuatro años después de un presunto gobierno de derechas, «serio» y de buenos gestores, el derroche sólo bajó en 4,45%. ¡Menos mal que Rajoy anunció austeridad y buena gestión! Y, por cierto, el record de gasto público de la Historia española lo ostenta el PP cuando en 2012 gastaron nada menos que 500.071 millones de euros.

Son cifras que marean. Tienen tantos ceros que podríamos hacer una fábrica de donuts con ellos. El mito de la derecha seria y gestora es mentira. Pura mentira.

Como es también mentira decir que la derecha ha recortado el (mal)llamado Estado de Bienestar. Nunca se ha gastado tanto en pensiones, por ejemplo.

España está, por culpa por supuesto de la izquierda pero también de la derecha vergonzante, en una situación de quiebra práctica puesto que la deuda pública en el segundo trimestre de este año alcanzó el 100,5% del PIB, es decir, las Administraciones públicas españolas (Estado, Regiones, Ayuntamientos) deben ¡¡¡1,1 billones de euros!!!, es decir más de ¡¡¡183 billones de pesetas!!! En 1975 la deuda pública fue de 7.599 millones de euros. Es decir, entre la muerte del general Franco y el último año de la primera legislatura de Rajoy, la deuda pública se ha multiplicado por 145. Si tuviéramos que ir «a pachas» para devolver la deuda que la castuza ha contraído, cada español «debía» 214€ a la muerte de Franco y «debe» ahora con Rajoy 24.400€, ¡toma seriedad!

Cuando Rajoy llegó al poder, la deuda pública representaba el 60% del PIB. En cuatro años ha pasado del 60% al 100%.

Ríanse Uds. de la crisis de 1929, de la burbuja tecnológica, de la inmobiliaria y de la crisis de 2007. Todo eso es una broma al lado de la olla a presión que representa la deuda pública.

Semejantes cantidades son impagables. El Estado, las regiones, los ayuntamientos y la Seguridad Social están quebradas. A lo único que puede aspirar esta castuza es a seguir escondiendo la realidad a su pueblo y a darle un patadón para adelante al balón (o sea, a la deuda pública) y que sea el siguiente que pague. La única salida que les queda es seguir endeudándose. Ningún político actual en España, y por supuesto tampoco Rajoy, tendrá la valentía de decir la verdad y de lanzar un verdadero programa de reducción del gasto.

Y que no le cuenten milongas, amable lector: que las autonomías son un agujero negro que engulle cualquier billete que pasa cerca o lejos es verdad. Pero que las autonomías del PP gastan menos que el resto es una mentira como un templo. Y que el Estado del PP sea menos manirroto que las regiones o los ayuntamientos es otra soberana trola.

La Unión Europea tiene muchísimos defectos. Ha logrado hacer feísimo el bello afán de la Europa de las patrias. Pero tiene al menos una virtud: exige seriedad en las cuentas de los Estados, aunque luego ese monstruo burocrático gaste a manos llenas.

El PP, para hacer que hacía, ha prometido cada año una cifra de déficit público que jamás ha cumplido. Jamás. Ni uno solo de los cuatro años en los que ha gobernado. Y eso que cada año, sí cada año, al ver que no alcanzarían el objetivo anunciado, renegoció con la Unión Europea el objetivo. Y eso que los intereses de la elefantiásica deuda pública son los más bajos de la Historia. Pues bien, a pesar de todo ello, ni una sola vez la muy «seria» Derecha-claudicante ha cumplido los objetivos de déficit público.

¿Y qué hizo el ministro más amado del gobierno, ¡Cristóbal Montoro!, para hacer que hacía? Perpetrar las mayores subidas de impuestos que jamás hayan conocido los españoles. A pesar de la promesa enunciada en la campaña electoral, el PP promulgó sólo cuarenta días después de su victoria electoral en 2011 el mayor hachazo en la historia del IRPF. A partir de ahí y siguiendo fielmente las sabias Leyes de Murphy, «sonríe, mañana será peor» o «todo lo malo puede empeorar», el PP realizó 30 subidas de impuestos en menos de un año y medio de gobierno: IRPF, Impuesto de Sociedades, IVA, Impuesto de Bienes Inmuebles, Impuesto de Patrimonio…nada escapó a la bulimia recaudadora del PP. Pero como eso no bastó, el PP creó doce nuevas figuras tributarias: ocho en el sector eléctrico, otras para cobrar el 20% de los premios de las loterías, otra sobre los depósitos bancarios, los hidrocarburos y el medioambiente. Ese dechado de sinceridad que es Rajoy había anunciado que la mayor parte de estas alzas eran temporales. Muchos de los que le votaron esperando conservar la cartera perdieron hasta los calzoncillos y se quedaron, encima, con cara de gili…

Como los españoles somos de memoria muy corta, el PP no tuvo ningún empacho en anunciar en la última campaña electoral, como si nunca hubieran roto un plato, con carita de niño bueno, que bajarían el IRPF, el Impuesto de Sociedades y las cotizaciones a la Seguridad Social. Pues bien, no habían ni siquiera formado gobierno, cuando anunciaron una subida del Impuesto de Sociedades de 8.000 millones de euros al año. Un robo en toda regla (¡uno más!) a las empresas, que no va a provocar otra cosa que el cierre de unas cuantas y el aumento del paro. Ahora están tramando una subida de los impuestos especiales y del IVA.

El atraco legal, también llamado impuestos, continúa subiendo.

(CONTINUARÁ…)

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