Manuel del Rosal

El clítoris de «Kichi», alcalde de Cádiz, y los tirabuzones de las gaditanas

El clítoris de "Kichi", alcalde de Cádiz, y los tirabuzones de las gaditanas
Manuel del Rosal García. PD

Se tiende a dejar sentado que los hombres piensan racionalmente. Este es un postulado que, además de falso, es peligroso

Durante la Guerra de la Independencia contra los franceses Cádiz resistió el asedio durante dos años, entre 1810 y 1812 sin rendirse jamás, es por esa resistencia por lo que a Cádiz se le concedió el título de «Muy Noble, Muy Leal y Muy Heroica». Los cañones de los «gabachos» disparaban sin cesar sobre la ciudad dejando las calles sembradas de metralla incandescente, metralla que las gaditanas, en un gesto de valentía y desprecio hacia los franceses, utilizaban para hacerse bigudíes. De ahí viene la letra de las Alegrías cantadas que dicen así: «Con las bombas que tiran los fanfarrones, se hacen las gaditanas tirabuzones»

Han pasado muchos años y ahora con Cádiz, ostentando el 35% de paro y gobernada por una cabila de incompetentes genéticos, han ideado un método para proporcionar a las gaditanas actuales, las que son descendientes directas de aquellas valientes que se hacían bigudíes con la metralla francesa, la manera de autoafirmarse y orientarse mejor en la búsqueda activa de empleo. Su alcalde, el ínclito, inefable y nunca bien ponderado «Kichi», en un gesto sin precedentes en los anales de Cádiz, ha creado unos cursos para mujeres maltratadas y en el paro. Y el «Kichi», despejando todas las dudas sobre su capacidad para gestionar el ayuntamiento de Cádiz, idea un curso en el que las gaditanas podrán autoafirmarse para hacer frente al maltrato viendo la película Blancanieves como ejemplo de lo que nunca debe hacer una mujer moderna: «limpiar y cocinar para siete enanos». En ese mismo curso, y para «orientarse» mejor en la búsqueda de empleo, «Kichi» y su avanzado y progre equipo de psicólogos y concejales, han incluido «lecciones para la estimulación del clítoris». Ante semejantes propuestas, y no encontrando ni pajolera relación entre autoafirmarse como mujer viendo Blancanieves y «orientarse» debidamente en la búsqueda de empleo estimulando sus clítoris, las gaditanas se han cabreado lo suyo, porque dicen que Blancanieves ya la han visto tropecientas veces desde que eran niñas sin que por ello les haya servido para autoafirmarse, y las técnicas para la estimulación del clítoris la conocen hay en día todas las mujeres, desde que se descubrió que por masturbarte no te salen granos en la cara, ni se te aflojan los huesos. Las asistentas a este curso tienen una asignación diaria de 12 euros, asignación que no les llega ni para hacerse bigudíes como los que se hacían las gaditanas en la época en la que Cádiz era Noble, Leal y Heroica y España una nación.

Los «gabachos» estuvieron dos años bombardeando Cádiz sin conseguir cargársela. Estos políticos de nuevo cuño que gobiernan la tacita de plata, puede que, una vez terminado su gobierno de cuatro años, dejen a Cádiz hecha un páramo y a las gaditanas sin poder hacerse tirabuzones en sus negros cabellos, pues bastante atareadas van a estar practicando la «estimulación del clítoris». Eso sí, no podrán quejarse por no estar «autoafirmadas» y bien «orientadas».

Es curioso que estos políticos populistoides tienen una característica en común: están obsesionados por el sexo. Si de ello hablara un psicólogo diría que arrastran un trauma sexual de cojones…o de clítoris. Lo cierto es que, desde Colau, que dijo haber sido acosada y apadrinó los versos del coño, pasando por Carmena que apuntó aquello de «el clítoris es un gran invento», por Rita Maestre que asaltó la capilla al grito de «menos rosarios y más bolas chinas», seguida de la señora de la CUP que confesó ser una «puta mal follada», los azotes en modo sadomaso de Iglesias a Mariló, la minga dominga del inefable Echenique y acabando en el ayuntamiento de Sevilla que compró no sé cuántos miles de «kit» conteniendo lubricantes, para que los alumnos y alumnas de los institutos evitaran los «roces» tipo lija del 3 que se producen en el sexo, sobre todo en el sexo de retaguardia; estos obsesos libidinosos no paran de tomar medidas de gobierno surgidas de las entrepiernas de ellas y de ellos, que no del cerebro. Y uno, desde su posición de persona del común, no puede evitar el preguntarse: ¿quién coño ha podido votar a esta manada de perdularios?

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