Juan Pérez de Mungía

És més fàcil creure que saber» (J. Pla)

És més fàcil creure que saber" (J. Pla)
El dictador cubano Fidel Castro. CB

Fidel ha muerto. Ni es justo convertir la historia en su anécdota y ni siquiera la suma de estas compone su verdadera historia. Comentaristas y políticos de todo el espectro ideológico, ciudadanos de uno u otro signo y país compiten por enjuiciar, en lugar de la historia, lo que supuso para Cuba el creador de la nación cubana. En medio de esa conversación entre sordos emerge un líder controvertido del que apenas se conoce nada y se ignora casi todo, si se descuentan los lugares comunes. El acto fundacional de cualquier Estado responde a un ejercicio de violencia en tanto encarna un nuevo orden constitucional, un nuevo orden legal. Los primeros héroes de la revolución cubana se rebelan contra un dictador impío y cruel que mediante un golpe de Estado se erige en el dueño del destino de Cuba, Fulgencio Batista, un tirano y un guardián de los intereses mas bajos del imperio estaounidense que hicieron de Cuba un prostíbulo sin identidad, el patio trasero del imperio, en el que el ciudadano carecía de la protección de las leyes. Los mismos mercenarios de sus perversiones acuden hoy a Tailandia, India, Indonesia, o Africa. Siempre se ignora por mala fe que allí donde el derecho desaparece, emerge la voluntad del ciudadano para ejercer la autotutela, la voluntad de tomar lo que es suyo en justicia cuando se refleja en el espejo y reconoce su desamparo. Al pueblo sólo le pueden proteger leyes justas, no leyes inexistentes o injustas.

Garibaldi reventó las costuras del viejo régimen, Napoleón Bonaparte acabó con la aristocracia de sangre para construir sobre la arena una nueva legalidad nacida del consenso social que le confirió el título de emperador, un nuevo orden social que forma parte de la razón misma de Europa instaurado por las leyes napoleónicas. Lenin acabando con la esclavitud, con la monarquía y la guerra; Torrijos fundando la República de Panamá y asumiendo el control territorial y sus recursos; Mao Tsetung destruyendo el viejo régimen feudal, el colonialismo japonés y la guerra colonial; dictadores a menudo imprescindibles, históricamente causados, por cuya voluntad cambió la historia. La historia de Francia sería incomprensible sin sus testigos, sin Juana de Arco y Gilles, Barón de Rais, la virgen y el asesino, y sin la figura de Napoleón, el artífice del Estado burgués. La historia de Cuba es incomprensible sin Fidel. Fidel, el dictador imprescindible, encarnación pura de la pasión y el orgullo español, tomó un camino incierto que bien podría haberle tantas veces llevado a la cuneta, en lugar de disfrutar de su trayectoria como atleta o estudiante brillante al servicio del antiguo régimen. Como tantos cubanos soldados de fortuna en la patria del beisbol. Fidel ha sido la voz que sonaba en el corazón de las tinieblas, levantado sobre la tempestad caribeña, de un futuro sin esperanza. En una fortaleza sitiada, toda disidencia es traición. Ha muerto el hombre hecho de carne y hierro.

En ese conflicto permanente inaugurado por la revolución francesa, igualdad, libertad y fratenidad, Fidel apostó por la expresión de la fraternidad de los pueblos y la igualdad de los hombres y mujeres de las naciones. Sacrificó la libertad. Cuba se ahoga en su éxito de la igualdad lograda, amenazada por la ausencia de libertad. La articulación entre igualdad y libertad no se ha resuelto en las sociedades democráticas, desde la República Romana hasta hoy. Cuba, es la viva expresión de un crisol de pueblos y razas humanas, la primera vez en la historia en que se funde el origen y el color de la piel que ya no significan nada, fracasado estrepitosamente el melting pot americano, a pesar del predicamento de sus leyes.

Dictadores hay vestidos de democracia, Hitler, Mussolini, Chavez, Maduro, Banzer, Salinas, Perón, Putin, Sukarno y Erdogan, y los hay, a veces los mismos, vestidos de golpes de Estado, Kemal, Banzer, Yeltsin, Mengistu Haile Mariam, Botha, Ul Haq y Musharraf, los hay vencedores de guerras civiles reales, Franco, Ho Chi Minh, y virtuales, Salazar y Caetano, hay sátrapas de todo tipo que se arrogan la jefatura del estado, Lee Kuan Yew, Gadafi, el Sha de Persia, Hassan II, y Jomeini. Y los hay criminales sin posible redención, Pinochet, Stroessner, Batista, Duvalier y Trujillo. Una lista ilimitada de nombres conocidos y desconocidos. ¿Tienen acaso la misma legitimidad? ¿Pueden las naciones democráticas, con EEUU a la cabeza, hablar de derechos humanos cuando EEUU ocupa ilegalmente Guantánamo, y mantiene cautivos a reserva de las leyes americanas que podrían aplicarles con garantías de defensa? EEUU se resguarda del Tribunal Internacional de La Haya. ¿Cuantas veces EEUU invadió Nicaragua y Granada, y cuantas acabó con la democracia en Chile, Argentina y Paraguay y en otras naciones? La hipocresía y el cinismo reinan en el intercambio comercial y diplomático de las naciones. La dictadura es un sistema intrínsecamente perverso, que a cada instante afronta el conflicto de la sucesión. Fidel despierta todos los instintos y todas las pasiones racionales, algo contradictorio que amamos y odiamos como a un miembro de nuestra familia, no existe un lugar común para la guerra y la paz, para la memoria y el olvido. Fidel era palabra, discurso infinito conjurando la realidad inmediata y destructiva. Fidel ha labrado la dignidad de la nación cubana sobre las espaldas de su pobreza, ha devuelto la dignidad a la América latina, a la Africa portuguesa, ha dado el testimonio de la lengua amenazada por el imperio. De los dos modelos de los que Castañeda habla de América latina, Cuba y Puerto Rico, Puerto Rico, quebrada, vive de la caridad americana y se entregó, Cuba aguanta y construye su futuro. Fidel ha desafiado al imperio que convierte en miseria cuantos territorios ha pisado en sus guerras particulares, desde Vietnam hasta Somalia, Afganistán, Libia e Irak, al mismo imperio que defiende la dictadura saudita, la dictadura de la familia de Al-Sabah, y los emiratos árabes. El maniqueismo de los buenos y los malos no permite comprender ni saber nada. El error fue creer que alguien sabía como se construía el socialismo de la igualdad y la libertad.

El ejercicio del poder se construye sobre la legitimidad de origen y la legitimidad de ejercicio. La única legitimidad de origen es la que se origina en el consenso constitucional de un pueblo que acepta el líder emergente que trae el futuro, pero el poder se legitima en el ejercicio. Fidel ha desarrollado Cuba, ahora Cuba desarrollará su libertad sin renegar de su pasado, asumiéndolo. Fidel obtendrá entonces el prestigio de las dos legitimidades. La Habana. Apenas el sol oscurece, las calles de su Habana resplandecen. Aún recuerdo esas noches tibias después de cenar un pollo de lujo en un paladar, y con el estómago lleno, delante de la botella de ron cubano, disfrutábamos de la conversación hasta el amanecer. Cuba se ha hecho nación y Fidel ha muerto. La vida no vale nada si no es para perecer porque otros puedan tener lo que uno disfruta y ama. Fidel Castro forma parte de la historia necesaria de la humanidad encontrando su razón de ser.

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