Pedro Calvo Hernando

Mejora el clima, pero no mucho

Mejora el clima, pero no mucho
Pedro Calvo Hernando. PD

La conmemoración del 38º aniversario de la Constitución se encuadra dentro de un clima político interior que mejora solo muy ligeramente según el CIS. Habrá que decir que más importante es que no empeore, como siempre se teme, algo que se percibe un poco más en estos momentos, ya que el trajo de campo de la encuesta del CIS lleva siempre un retraso considerable, que resta siempre importancia a los sondeos de ese organismo estatal. Pero al margen del mencionado organismo, cualquier observador atento se da cuenta de que el clima ha ido mejorando desde la investidura y puesta en marcha del nuevo Gobierno.

Por supuesto, sin que se puedan echar las campanas al vuelo ni mucho menos. La mejora se debe sobre todo a la acción del PSOE y sus decisiones de facilitar la gobernación desde el momento en que puso en marcha esa especie de clima de coalición con Rajoy y su PP, que aunque lo sigamos criticando, al menos da algún respiro a la atmósfera que nos ha asfixiado durante los diez meses anteriores. Me acabo de dar cuenta de que esto que digo es conformarse con muy poco, por lo que enseguida rectificaré.

Ese pequeño cambio a mejor te da una perspectiva menos angustiosa para mirar a tu alrededor y hacia el exterior, aunque el clima que acompaña a los inicios de Donald no sea ni edificante ni tranquilizador sino más bien lo contrario… aunque también hay que decir que menos tranquilos estábamos cuando hace un mes se producía la elección del contrincante de Clinton. Esa sensación ya la hemos experimentado en la decena de días que ha durado la despedida a Fidel Castro. Y no dirán que no es tranquilizador ese mensaje de Urkullu de que en un mundo globalizado la independencia es imposible pero que Rajoy tiene que asumir la renovación del modelo de Estado.

Y aprovecho para sugerir que los máximos dirigentes de Podemos han cometido el desacierto de no acudir a los actos del Día de la Constitución, pues deben recordar que esta se aprobó por la mayoría de los españoles después de un consenso político todavía no mejorado por nadie. Claro que no seré yo quien niegue a Pablo y a Iñigo el derecho a equivocarse, como no se lo niego a otros que se equivocan mucho más, como es el caso de Esperanza Aguirre con su pasada de condenar el corte de tráfico en la Gran Vía madrileña, por ejemplo.

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