Rafael Reina

La lucha por los derechos de la mujer

La lucha por los derechos de la mujer
Rafael Reina. PD

La mujer nunca estará satisfecha o conforme con su situación, mientras lo persiga por el mismo camino que lo ha hecho hasta ahora.

Cuando la comunidad Gay empezó su lucha por sus derechos, la comunidad de lesbianas se unión al movimiento como polizón de barco, de forma furtiva y sin representación propia. Pero no lo ha logrado aún siendo los temas tan similares como la homosexualidad masculina, y es que el homosexual hombre tiene un aspectos muy diferentes al lesbianismo.

El hombre gay luchó por sus derecho desde un punto inicial distinto que no es compatible con el de la mujer; el orgullo por su cuerpo, el hombre homosexual cuida de su cuerpo, lo mejora y protege, disfruta con su exhibición y en algunos casos busca el cambio total de sexo, la mujer lesbiana en cambio, aborrece su cuerpo de mujer y también busca con más avidez el cambio total de sexo.

Esa pequeña diferencia es el impedimento principal para que la mujer logre que las diferencias de necesidades desaparezcan mientras esté dejando que el lesbianismo se encargue de ello.

Nótese que digo necesidades que no derechos, ya que no existen anulación o evitación de los derechos hacia la mujer, pero si necesidades no cubiertas.

Abusadores y abusados siempre los habrá, no hay diferencias entre hombres o mujeres, desde la escuela hasta la tercera edad, siempre hay y habrá inmorales que abusan de quienes son más débiles e indefensos, pero eso no anula que exista un gran respeto por la mujer en nuestra cultura al menos.

El movimiento «liberador’ fue iniciado por individuos feministas, que en la mayoría de los casos eran mujeres que odiaban ser mujer y con no poca animadversión hacia los hombres, estos movimientos sacaron a relucir una disconformidad de la mujer, que no existía (ni existe en la mayoría de los casos), engendrada en la disconformidad con su propio cuerpo y usando el feminismo como bandera en lugar de la propia personalidad como el grupo gay lo hizo.

La mujer tiene evidentes diferencias con el hombre, físicamente, en sus razonamientos e intelectual, pero ninguno de ellos le evita llegar a las mismas conclusiones y con la misma facilidad que el varón, solo que con razonamiento distintos algunas veces y exactamente los mismos en muchas más.

Es cierto, que la recompensa a la su productividad no está equiparada a la de los varones pero las razones de más peso son las económicas e histórica y no las culturales o sexistas.

Por ejemplo; nadie cuestionas las tarifas de una abogado comparándolas con las de un abogado, ni de una arquitecto mujer u hombre, pero cuando se valora las de labores mecánicas o trabajadores en línea de producción, sí que se devalúan la producción de las mujeres. Son los salarios dependientes y no los autónomos los afectados.

La causa está en que el trabajo dependiente se valora en base al coste de vida y no en el valor de la producción, (incluso cuando se trabaja a destajo). Es el coste de vida es lo que marca el salario del obrero. Con la introducción de la mujer en los 50’s en el mundo laboral, para mantener la dependencia del obrero y la oferta, se fue dividiendo paulatinamente el salario en dos parte, (nunca al 50/50 hasta la fecha) y que no pudo ni puede solventar las eventualidades de madres y padres solteros o trabajadores individuales.

Y esta decisión que ha permitido mantener una fuerza laboral estable por décadas, junto al hecho que el salario se actualiza en base al alza de costo de vida y que el ajuste salarial se hace a finales de cada año, usando medias generales, ha ido degradando el poder adquisitivo del trabajador a los niveles actuales y nos ha traído a la actual crítica situación del presente. Actualmente es difícil llegar a fin de mes incluso con dos sueldos bases en un hogar.

La duplicidad de producción con la duplicidad de mano de obra, no implica la duplicidad de venta en el mercado y la reducción de precios a base de reducción de coste de producción, solo agrava el problema de la ya agraviada situación. La incorporación de la mujer al mundo laboral, con el sistema salarial existente, aumenta la producción pero no aumenta el mercado.

Hoy estamos ante una disyuntiva en el camino de difícil solución y la problemática de los derechos o necesidades del hombre/mujer, carece del mas mínimo grado de importancia, comparado con la seriedad de la situación; por los enormes impuestos que estamos pagando ya, la súper producción industrial actual, la falta de mercados y la brecha económico/social que existe en la actualidad.

 

La globalización evidentemente no es la más prometedora solución, las diversidades, económicas, sociales, industriales y culturales no permiten una colaboración industrial y comercial equitativa internacional y la insulación mercantil/industrial no aportara una solución «justa» a más de 4000 millones de seres humano, un número nada tranquilizantes de «Angry Birds».

Probablemente la única solución sea un periodo de cuarentena… larga cuarentena, donde los alimentos y la salud este internacionalmente asegurada, donde los desarrollos de los pueblos sea monitorizado y asegurados para evitar corrupciones como las actuales y donde la educación y la capacitaciones laborales sean partes incluidas en los desarrollos económicos y sociales de los pueblos.

Siempre pensamos que los mejor que podemos hacer es dar de lo que tenemos en lugar de enseñar lo que sabemos. Trayendo gentes a nuestros países, para alimentarlos y darle cobijo, como si fueran animales de un Zoológico, no estamos dando una solución al problema de esos seres ni de esos países, la solución es llevarlos por el camino que ya conocemos, evitando los errores que hemos cometido y logrando el éxito que necesitan, eso es lo único que nos sacará del pozo donde hemos caído y al que hemos arrastrado a ellos también.

La mujer tiene una responsabilidad enorme en esta solución, el compromiso de entender el dilema, la decisión de seguir sus instintos naturales, ignorando los medios y progresismos que nos han traído aquí, y fortalecer el núcleo social orientándolo en la dirección correcta, como la mujer ha hecho por siglos y siglos con anterioridad.

Mujeres disociadas consigo mismas y con su naturaleza… no son los mejores representantes de la feminidad, no saben cómo luchar por sus propios objetivos y deseos, como supieron hacerlos los homosexuales hombres en su momento.

Nunca serán capaces de representar a la mujer como la mujer se merece, no pueden porque carecen de los valores necesarios e indispensables, valores que la lesbiana evidentemente no tiene ni conoce.

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Rafael Reina C

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