Luis Del Val

Políticos con prejuicios

Políticos con prejuicios
Luis del Val. PD

Cuando estaba en edad escolar, creí que los extranjeros que venían de vacaciones a España eran todos millonarios, porque conducían su propio automóvil.

Luego, cuando la diferencia de renta per cápita fue disminuyendo, con más años, más experiencia, y habiendo viajado a Europa, ya caí en la cuenta de que aquellos «millonarios» de mi infancia eran fontaneros, empleados de banca, trabajadores especializados o actuarios de seguros.

Como aquí. La mayoría de los políticos que rigen los ayuntamientos actuales son mucho más jóvenes que yo, pero dadas las disposiciones que ponen en marcha, y su aversión a los aparcamientos públicos, túneles urbanos y otras cuestiones, tengo la impresión que, de manera inconsciente o subconsciente, albergan el prejuicio de que las personas que circulan con su automóvil por la ciudad son personas de gran poder adquisitivo, que salen a pasear para contaminar la atmósfera de las urbes.

Asimismo, me parece intuir que un ciudadano que se traslada en su automóvil propio no les parece que sea persona que puedan votar a la izquierda, como si para ser de izquierdas fuera obligatorio trasladarse en bicicleta, usar el transporte público, pertenecer al colectivo de gays y lesbianas, no poseer ningún tipo de creencia religiosa y, de tener hijos, pedirles a los Reyes Magos un camión para la niña y una muñeca para el niño.

Vivo en una ciudad donde la comunidad y el municipio se han gastado varios millones de euros en construir carriles para bicicletas. Pueden pasar dos y tres horas sin que circule una puñetera bicicleta.

Eso quiere decir que hay cientos, miles de automovilistas que han votado a la izquierda. Pero los beneficiarios de esos votos no lo saben, y observan a los automovilistas con la mirada que yo tenía el la infancia. Y no me extraña, porque son bastante infantiles.

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