Ignacio Camacho

Errejón puede acabar en el PSOE, pero todavía no lo sabe

No es un ideólogo moderado, sino un político tímido

Errejón puede acabar en el PSOE, pero todavía no lo sabe
Iñigo Errejón y Pablo Iglesias. PD

Bajo ese paraguas de simplismo y demagogia, basado en la creación artificial de un sujeto político -la gente- y un enemigo -las élites-, conviven gentes tan distintas como Trump, Farage, Le Pen, Tsipras o Iglesias

QUIZÁ pronto haya que dejar de considerar a Podemos un partido populista. El populismo no es una ideología, sino un instrumento, una estrategia electoral que ampara a proyectos rupturistas de distinto signo enfrentados al sistema.

Bajo ese paraguas de simplismo y demagogia, basado en la creación artificial de un sujeto político -la gente- y un enemigo -las élites-, conviven gentes tan distintas como Trump, Farage, Le Pen, Tsipras o Iglesias.

Los primeros son conservadores y xenófobos; los dos últimos viajan con el nuevo pasaporte de la extrema izquierda. Tras el fracaso de su intentona de asalto fulgurante al poder, basada en aprovechar los estragos de la crisis mediante una candidatura del descontento, el líder de Podemos parece decidido a encarnarse en su verdadera identidad.

A presentarse como lo que siempre ha sido: un anticapitalista ortodoxo, un activista de la lucha de clases, un neobolivariano. Un posmarxista.

En ese giro hacia la radicalidad, Iglesias va a someter a su partido a la típica purga leninista.

La víctima elegida es Íñigo Errejón, autor del diseño político que trató de condensar el 15-M en un catálogo de Ikea. Errejón ha sido el estratega de Podemos como aparato electoral: una plataforma de rechazo que trataba de aglutinar a los decepcionados en una coalición heterogénea.

Estudioso de Ernesto Laclau, destiló el populismo a la argentina en una propuesta transversal, atrapalotodo, de vocación posmoderna. Iglesias se dejó transportar en ese vehículo pensando en alcanzar el poder para desarrollar luego sus verdaderas ideas. Sólo que la cosa no funcionó y ahora necesita empezar la reconversión de su liderazgo alfa cortando unas cuantas cabezas.

Más allá de las discrepancias sobre el modelo político y la organización interna, ambos se culpan mutuamente del fracaso y han llegado a una tensión que no admite componendas.

Errejón y su minoría van a perder el pulso nacional como perdieron el de Madrid porque Podemos no se entiende sin Pablo Iglesias. Y la apuesta de este es un retorno a la agresividad, a la pulsión de rabia y revancha social, a la ruptura sin etapas intermedias.

Ya no quiere suplantar a la socialdemocracia, sino laminarla, barrerla. Mantendrá el populismo como estructura de comunicación mientras le pueda servir de herramienta.

Errejón no es un moderado, aunque tal vez acabe moderándose empujado por la experiencia. Puede terminar en el PSOE, pero aún no lo sabe. Lo que sí ha sido es partidario de la alianza coyuntural, de la convergencia.

Trataba de no inspirar miedo, de entrar al poder por la gatera. En ese sentido es más pragmático que su jefe, aunque carece de su carisma destructivo, de su tirón de arrastre, de su convicción en la fuerza.

Le van a «hacer la autocrítica». En el Podemos que viene no caben los tímidos porque ya no va a ser un partido, sino una formación de combate. Una máquina de guerra.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído