Manuel del Rosal

Divinas palabras y Nadia, la niña utilizada por sus padres para estafar

Divinas palabras y Nadia, la niña utilizada por sus padres para estafar
Manuel del Rosal García. PD

Y tomando (Moisés) el becerro que habían hecho, lo quemó en el fuego, lo molió hasta reducirlo a polvo y lo esparció sobre el agua, e hizo que los hijos de Israel la bebieran. Éxodo 32:20

Fernando Blanco Y Marga Grau, padres de Nadia Nerea, sacrificaron como ofrenda al becerro de oro a su hija. Justo sería que ese becerro fuera fundido, pulverizado y disuelto en las aguas pútridas de los albañales de la miseria moral de esos padres, y hacer que la bebieran.

El caso de Nadia Nerea es uno más en la interminable lista de padres y madres degradados y desnaturalizadas que abandonan a sus hijos, los maltratan, los venden, los prostituyen para obtener un beneficio, una ganancia. Hace poco más de dos años, en México, un policía de barrio venía observando desde varios días atrás a una madre indigente que sostenía en brazos a un niño de apenas dos años. El niño lloraba sin parar mientras la madre pedía limosna mostrando el estado deplorable de su hijo. Un día el policía, inquieto y preocupado por cómo podría encontrarse el niño se acercó a la madre y, en ese momento, el niño dejó de llorar. Intrigado el policía pidió a la madre que le entregara al niño. Fue el momento en el que el policía pudo entender el motivo del llanto interminable del bebe. Sus bracitos, sus piernas y su dorso estaban en una puritita llaga por los pellizcos que, bajo la manta que lo cubría, la madre le propinaba para que no dejara de llorar y así ablandar a los transeúntes para que dejaran limosna. Ese policía se interesó por el niño inocente y pudo descubrir la tortura a que le sometía una madre degradada como madre, como persona y como mujer. Aquí, al contrario que el policía, los periodistas y las cadenas de televisión nunca se hicieron preguntas sobre la situación familiar de esa niña, ni sobre el historial de ese miserable padre. Bastaba pulsar una tecla del ordenador y buscar lo relacionado con Fernando Blanco; nunca ha sido tan fácil como lo es hoy el documentarse sobre algo o alguien, pero ¿para qué molestarse si la carnaza estaba servida para alimentar a esos programas y ofrecer el morbo que se traga la audiencia sin masticar? Así que, tendieron una alfombra bajo los pies de esos malnacidos padres para que pasearan a su hijita por todos los medios de comunicación y por todas las cadenas de televisión, me imagino que cobrando unos puñados de euros. Le habían puesto precio a la inocencia de su hija.

Divinas palabras es una de las obras más conocidas de Valle Inclán. Se desarrolla en una parte de Galicia durante la época de la España de la Restauración. Toda la obra gira en torno al carretón donde yace el idiota hidrópico que se disputan los familiares. El carretón es una mina de oro para quienes lo poseen. En las ferias y mercados donde es expuesto recoge las monedas de quienes se apiadan de él. Nadie de los familiares y allegados al idiota le hace ascos, sino todo lo contrario. Las disputas surgen por poseerlo para así mostrarlo en los mercadillo y ferias y sacar buenos dineros. Valle Inclán mezcla casi todas las miserias que adornan al ser humano: la codicia, la cobardía, la lujuria, la envidia, el odio en un entorno mísero de la España mísera de la Restauración. Fernando Blanco y Marga Grau, padres de Nadia, mostrando estar pringados hasta la médula de las mismas miserias que los personajes de Divinas palabras, han sustituido el carretón del idiota hidrópico por su hija Nadia a la que han paseado por todos los mercadillos, ferias y saraos varios de los medios de comunicación que se nutren para alcanzar audiencia de las miserias de las personas, mientras más miserables y sucias, mejor. Saben esos medios que la audiencia, libre de la miseria física de aquella España, chapotea en la miseria moral que sobrevuela esta España del siglo XXI.

Divinas palabras termina cuando María Gaila, la adultera, está siendo atacada por todos los vecinos; entonces Pedro Gailo, su marido y sacristán de la parroquia, pronuncia las Divinas Palabras. Como por milagro esas palabras detienen a los vecinos y María Gaila se salva.

Fernando Blanco y Marga Grau, padres de Nadia, no podrán escapar de su miseria moral como padres y como personas, aunque los sacristanes de todos los pueblos de España pronuncien MILES DE DIVINAS PALABRAS.

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