Victor Entrialgo de Castro

Fuego de campamento

Fuego de campamento
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

Sentados en las alfombras del Congreso, sede de la soberanía del pueblo, los nuevos falangistas, acompañados de los periodistas que se han prestado vergonzosamente a ello, han rodeado con la boca abierta al jefe de la centuria en el salón de los pasos perdidos. Es fuego de campamento.

Como si tuvieran delante un chamán en lugar de un charrán, flechas y pelayos han escuchado a este fantasma, que es pura estrategia y efectos sin sustancia y habla siempre con voz de caldera frases provocadoras pero de pensamiento superficial.

Y ahora nos quieren distraer a través del salón de los pasos perdidos entre uno que parece que hubiera que desparasitarlo y al otro darle el biberón. Estos fantasmas que habitan el Congreso son los que están propiciando la degradación y división de España.

Sólo con ver a sus amigos de la Cup, los que rompen y queman las fotos del jefe del Estado a quienes acuden a jalear, no haría falta decir más. Si caben en un autobús, ¿por qué le dan esa cobertura los medios? Es como jartarse a poner Master chef en el telediario de las 3. Es el misterio del negocio, que subleva a la vez que dan la risa, pero una justicia que no se manifiesta de forma inmediata no solo no es justicia sino que propicia desafios a la ley.

Generaciones enteras se han deslomado a trabajar generando actividad económica en beneficio de todos, para poder comprarse sacrificadamente un piso y pagar el IBI y los impuestos que se llevan su pensión, mientras unos niñatos repelentes se rascan sus secundarios, hacen primarias y se dedican a asaltar a los herederos de aquellos con tasas e impuestos.

Sin querer trabajar, se dedicaron a asamblear para entretener su desidia. Y alzados por una carambola de gente de buena fe, ingenuos, vengativos y otros que, por no haber perseguido nada, nada tiene que perder, entraron en los ayuntamientos ayudados por quienes hoy están pagándolo en el infierno y desde allí, se permiten destruir en un momento lo que costó un siglo lograr, inventar las ciudades como si no tuvieran historia, y recaudar.

La del flequillo de burro ya aprendió español y ha ido por fin a la peluquería que paga la peña de las mochilas y los pasamontañas de donde ahora no salen la Carmena y la Colau para bajar de la mano las escaleras del ayuntamiento y solucionan lo de Siria, el BREXIT, el ISIS, la causa palestina, la violencia machista, la basura de Madrid, la mendicidad en los barrios, las listas de espera y la circulación de la Gran Via, todo a la vez, exhibiendo en las escaleras del Conrisorio sus mochilas y su serrana corporación.

Flechas y pelayos se han sentado en el salon de pasos perdidos del parlamento. Y con fuego de campamento o un minuto de silencio ya está todo resuelto. Asi han solucionado todos los grandes asuntos de estado desde que por una carambola del chapulín colorado llegaron a las instituciones. O sea, ninguno.

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