Luis Ventoso

El ‘Síndrome Meritxell’

Lo que dijo resume bien cierta empanada ambiental

El 'Síndrome Meritxell'
Luis Ventoso. PD

LA biografía de la socialista barcelonesa Meritxell Batet, de 43 años, supone un feliz ejemplo del país de esperanza y oportunidades que ha sido la España democrática del 78. Hija de divorciados, llegó a la Universidad en Barcelona gracias a las becas de ese tremebundo Estado español que ha machacado a Cataluña.

Su formación incluye incluso una estancia en Estados Unidos. Salida de una generación de españoles ávidos de currar para prosperar, la joven Meritxell completaba los ingresos familiares poniendo copas en la noche barcelonesa. Hoy es abogada, profesora de Derecho Constitucional y lleva doce años como diputada en Madrid.

Durante dos lustros permaneció casada con Lasalle, secretario de Cultura con Rajoy hasta el mes pasado. Madre de mellizas, delgada y de pelo rubio ensortijado, aseguran que es sosegada y de trato correcto. Conclusión: una española trabajadora y sensata, una socialdemócrata moderada y con trayectoria académica.

Ayer Meritxell, que fue promocionada por Sánchez a número dos por Madrid, ofreció su valoración de la sentencia del TC. Como saben, el Constitucional ha paralizado la convocatoria de un referéndum para la separación de Cataluña, por la sencilla razón de que vulnera nuestras leyes, algo que entendería un teletubbie.

La diputada catalana arrancó bien:

«Las decisiones judiciales deben cumplirse. Era una temeridad hacer caso omiso al TC».

Hasta ahí, todos de acuerdo.

Pero entonces Maritxell, ¡profesora de Derecho Constitucional!, añadió algo más:

«Judicializar la política no es bueno, no conduce a nada y no aporta ninguna solución real. Hay que abrir paso al diálogo».

Muy interesante. Imagino que Maritxell, española y diputada en el Parlamento que representa al pueblo español, desea que su país siga existiendo.

Entonces, si un Gobierno autonómico se subleva para romper España, ¿cuál es su receta? Dado que imponer la ley es «judicializar la política» (y eso para la candorosa Maritxell «no es bueno»), la alternativa es permitir que los sediciosos hagan lo que quieran -incluso contra la voluntad general- y concederles barra libre para pisotear la soberanía del pueblo español que consagra la Constitución.

En resumen, debemos ser amables y dejarlos avanzar hacia la destrucción de nuestro país, enarbolar el «diálogo». Admirable Maritxell: ¿y qué pasa si resulta que la única forma de diálogo que aceptan es la independencia, como de hecho ya sucede? ¿No será una imposición en lugar de un diálogo?

La impresionante empanada de Maritxell ejemplifica lo que se ha dado en llamar «tercera vía», o buenismo, que en la práctica consiste en dar coba acomplejadamente a quien se propone destruirte (incluso transfiriendo fondos que van al secesionismo). También se puede llamar «entreguismo», y últimamente se sopesa un nuevo sinónimo: sorayismo.

¿Qué país ha perdurado renunciando a mantener el imperio de la ley? Yo no lo conozco. Tendré que matricularme en las clases de Derecho Constitucional de Maritxell.

Tal vez el manual de cabecera sea «Sopa de ganso», del estadista Rufus T. Firefly (Groucho, para los amigos). El PSOE se ha convertido en el tonto útil del separatismo. De ahí nacen sus castañazos en las urnas.

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