Santiago López Castillo

La que se avecina…

La que se avecina...
Santiago López Castillo. PD

Tras el desacato, rebelión, prevaricación, chulería, golpismo…, con un Gobierno mirando al tendido, don Tancredo espulgándose las pulgas, «no habrá consulta», joder, qué huevos, se avecina un futuro incierto y más oscuro que la boca del lobo. Hace más de dos años que Arturo Mas debería estar detenido y puesto a disposición de la justicia. La dejación es tan grave como perpetrar una traición que es lo que viene haciendo el presidente de la Generalidad incumpliendo continuamente las leyes. No pasa nada. Todos quietos. No os mováis. Incluida la Corona, que no escatima en eufemismos sobre la sedición. El art. 155 de la Constitución -retiradas las competencias por incumplimiento de sus obligaciones y en contra del interés general de España- es papel mojado, pese a que el Fraile Motilón, alias Rajoy, tiene mayoría absoluta en el Congreso y en el Senado, qué más quieres, vida mía…

Con un Gobierno inane y una oposición aferrada a la salvación de la patria (concepto discutido y discutible) mediante la fórmula del federalismo que proclama otro iluminado y demagogo llamado Sánchez, alias El Guapo, Podemos llamando a su puerta como Avon, qué rico sabe el poder, más la mamandurria, el trinque, la golfemia en estado puro, la que se avecina -a vista de pájaro- es, como vengo diciendo, para echarse a temblar. Y todo porque el país lleva cuarenta años de adoctrinamiento por unos y por otros, nefasto capítulo VIII sobre las autonomías (nacionalidades y regiones); país que en su mezquindad basa su mérito en la mediocridad de la clase dirigente y todos querían ser Mario Conde, chorizo (supuesto) de cuello duro y gomina con brillantina, tras haber exaltado el nacionalismo separatista al entregarse las competencias de enseñanza, principalmente, para Vascongadas, Galicia y Canarias. Comunidades que seguirán los mismos pasos que ha emprendido Cataluña.

Estos son, en síntesis, los «valores» de esta España que la prefiero roja antes que rota. En el envite, está en juego la credibilidad internacional tras la grave crisis económica -uno de los puntos fuertes a destacar por este Gobierno, nunca sabiéndolos vender-, la marca España, esa gilipollez en etiqueta, más una deuda de caballo que dejó el ínclito Zapatero, que vive, sigue viviendo, como un rey pese a ser republicano.

PD.- Entre tanta chorrada separatista, populista, con Pablito Calvo en versión moderna, el PSC -más independista que los catalanistas- propone para una supuesta reestructuración de la Constitución que la capitalidad del Estado se la turnen Cataluña y Madrid. Y yo propongo que vuelvan Pili y Mili, al menos con la primera mantuve un celebrado idilio que me supo a gloria.

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