Carlos Rubio Romo

Querida futura mamá (y 1)

Querida futura mamá (y 1)
Carlos Rubio Romo

¿Cómo reaccionaría Ud., amable lector, ante esta conversación?:

GINECÓLOGO: Buenos días, Señora. Tenemos ya los resultados de las pruebas y quería compartirlos con Ud.

FUTURA MAMÁ: Buenos días, doctor. Dígame

GINECÓLOGO: puedo decirle ya con total certeza, con un 100% de probabilidad, con absoluta seguridad que su hijo no será nunca un asesino. Ni un violador. Ni un parricida. Más bien, todo lo contrario: su hijo verá en cada persona a un amigo en potencia sin ni siquiera conocerle o haber cruzado una palabra con él.

Su hijo le cubrirá de besos y de abrazos durante todo el día. Y a su marido. Y a sus hermanos. A toda la familia. Y a los amigos. Cuando Ud. o su marido lleguen a casa, agotados de trabajar y de luchar, encontrarán siempre, siempre, su sonrisa: enorme, sincera. Verán cómo, en un segundo, se les pasan todas las penas.

FUTURA MAMÁ: ¡vaya, cuántas cosas buenas!. Pero, ¿y cómo puede Ud. ya saber eso?

GINECÓLOGO: No sólo eso. Nunca le llamarán del colegio para comunicarle que le expulsan por haberse peleado con un compañero o haber insultado a su profesora o estar haciendo la vida imposible a otro niño. Nunca le llamará la Policía para decirle que lo han encontrado tirado a las cinco de la madrugada en un callejón y con coma etílico. Nunca le llamarán desde el Hospital para decirle que su hijo está grave después de haber ingerido un porrón de pastillas.

FUTURA MAMÁ: en fin, es tranquilizador todo eso que Ud. me cuenta pero, sinceramente, creo que se está quedando conmigo…

GINECÓLOGO: ¿tengo yo cara de quedarme con Ud. señora? Tengo 55 años, soy jefe de servicio, catedrático universitario y doy conferencias por medio mundo…

FUTURA MAMÁ: disculpe, pero es tan difícil de creer…

GINECÓLOGO: no he terminado. Es innegable que jamás se le pasará por la cabeza no sólo matar a alguien sino ni siquiera hacerle daño ni insultarle. Nunca será un terrorista. Nunca pegará a su mujer. Ni siquiera tendrá una nimia pelea con los vecinos.

FUTURA MAMÁ: puuuffff, de verdad, doctor, yo le respeto pero creo que aquí hay una cámara oculta y nos están grabando. Mi anterior ginecólogo nunca me contó nada parecido en mis anteriores embarazos.

GINECÓLOGO: seguro, pero bueno, también debo decirle que su hijo nunca jugará al fútbol como Cristiano Ronaldo ni cantará como Plácido Domingo ni fundará una empresa como Apple.

FUTURA MAMÁ: hombre, teniendo en cuenta que el 99,999% de la población mundial tampoco juega al fútbol como Cristiano Ronaldo ni canta como Plácido Domingo ni posee el genio innovador de Steve Jobs, eso también lo podía haber dicho yo sin miedo a equivocarme mucho…aunque, claro, todos queremos que nuestros hijos sean genios.

GINECÓLOGO: pero, ¡ojo!, que yo no estoy diciendo que no vaya a ser feliz. Al contrario, será una de las personas más felices del Mundo. Ya verá qué sonrisa tan bonita tendrá y qué risa tan contagiosa. Guardará siempre la ilusión y la capacidad de asombro que, por desgracia, perdemos todos nosotros en cuanto llegamos a la adolescencia.

FUTURA MAMÁ: ¡dígame dónde está la cámara que nos está grabando porque todo esto me parece ya demasiado! ¿Cómo puede Ud. decirme todo eso? No es científico. La Medicina es incapaz de determinar si un bebé va a ser inmensamente feliz y va a hacer felices a los que le rodean, que va a ser una excelente persona, sin maldad ninguna. Es alucinante. ¡Ojalá todo eso fuera verdad! El Mundo sería mucho mejor. ¿Quién no querría tener a un hijo así?

GINECÓLOGO: pues aunque le parezca a Ud. increíble, sepa que el 96% de los padres en España prefieren no tener niños así.

FUTURA MAMÁ: este está chaveta…

GINECÓLOGO: le digo que es verdad

FUTURA MAMÁ: pero ¿por qué…?

GINECÓLOGO: porque esos angelitos asesinados antes de nacer son como la personita que está creciendo en Ud.: tienen Síndrome de Down. Y si Ud. decide tenerlo, podrá comprobar que todo lo que le he dicho es verdad. Es verdad que nadie está preparado para tener un hijo con síndrome de Down pero también es verdad que ningún padre se ha arrepentido jamás de haberlos dejado nacer.

Sí, amable lector, sea sincero conmigo: pensará que he perdido completamente la razón o que se me ha caído una maceta en la cabeza. Que estoy tonto, vamos. Porque es, en pleno siglo XXI, puro surrealismo.

Pues nada de eso.

Aunque esa conversación sea ficticia, nada, nada de lo narrado ahí es mentira. Lo que yo relato es, a través de un diálogo novelado, simplemente la descripción de las personas con Síndrome de Down. Personas con dificultades y también con muchísimas cualidades. Y, sobre todo, narro lo que debería ser la actitud de los médicos cada vez que deban anunciar esa situación a una madre.

Si la realidad de esas personas no fuera así, no seríamos testigos de hechos que, aunque ya pasen completamente desapercibidos para la mayoría de nosotros, son reveladores de la monstruosidad que representa el crimen del aborto y más precisamente el exterminio minucioso, planificado y, por desgracia legal, de las personas con síndrome de Down:

1) En España NINGUNO, pero NINGÚN político de la casta y prácticamente ningún medio de comunicación llama «aborto» al aborto. Se utiliza la coletilla «interrupción voluntaria del embarazo».

Fíjense que las palabras nunca son neutras y aún menos en este caso.

En la conciencia colectiva y en la personal, aborto irremediablemente está unido a la muerte. Y si, además está provocado, automáticamente se asocia con asesinato. Haga la prueba preguntando a sus amigos y familiares qué les sugieren esas palabras.

Pues bien, a pesar de todas las campañas, de todos los lavados de cerebro, de todas las mentiras, gracias a Dios todavía es así. La cultura de la muerte no ha doblegado totalmente a la conciencia humana.

¿Qué hacer, entonces, para evitar eso? Fácil: utilizar otra denominación. Y es ahí donde alguna mente diabólica ideó la genialidad macabra esa de la «interrupción voluntaria del embarazo».

En efecto, cuando oímos la palabra «interrupción«, rápidamente nuestro subconsciente nos dice: «Habrá, después, una continuación». La interrupción la asociamos, por ejemplo, a los anuncios de la tele en plena película: en el momento nos «interrumpe» la diversión pero, cuando se terminan, la película continúa:

El aborto no es eso. Una vez que han descuartizado a un niño vivo en el vientre de su madre y que lo han aspirado como si fuera el polvo de la moqueta, ya no hay continuación. Es una vida infantil, inocente, que ha sido aniquilada.

Y si, además, le asociamos la palabra «voluntaria» pues ya es perfecto. Nunca el Sistema (falsamente llamado) democrático nos dirá que en la mayoría de los casos detrás de los abortos hay amenazas, malos tratos, palizas a las mujeres. Se interpreta que ellas van al abortorio como si fueran a la peluquería y que después de la «intervención» pasan a otra cosa como si nada.

En el colmo del refinamiento, nuestros vecinos franceses han ido más lejos. Ni siquiera utilizan la traducción «interruption volontaire de grossesse» sino que prefieren las siglas, I.V.G., no sea que todavía a alguno se le ocurra asociar «interruption volontaire de grossesse» con «avortement«.

Así, IVG se convierte en algo tan incoloro, inodoro e insípido como si viéramos las siglas S.A., EE.UU., O.N.U., etc.

Ya verá, amable lector, cómo, en poco tiempo, en nuestra patria los defensores del aborto nos empiezan a machacar desde sus numerosísimas terminales mediáticas con la «I.V.E.». Al tiempo.

2) El Sistema, la Castuza, nos intenta convencer de que el aborto es un derecho como pueden serlo la libertad, la propiedad, la igualdad o…la vida. Qué paradoja, ¿no?, los defensores del aborto y la eutanasia hablando del derecho a la vida…

¿No nos machaca acaso la publicidad incesante con el maldito «derecho al aborto»?

¿Y no ha proclamado hace bien poco la ONU, esa organización presuntamente creada para defender la paz, la cooperación y los derechos humanos, que el aborto es un «derecho humano»?

Si logran lobotomizarnos y convencernos de que asesinar a su propio hijo es un derecho, ¿cómo rechazarlo? Sería como rechazar la libertad o la igualdad. Nadie osará hacerlo.

3) Y ya, en el colmo de la perversidad, los defensores del infanticidio nos presentan el genocidio de niños con Síndrome de Down y otras enfermedades como un favor para el niño y para la familia.

En efecto, esos canallas se erigen en dioses, en dueños de vida y muerte, y pretenden determinar quién va a ser feliz y quién no. Y en su sistema diabólico, las personas con enfermedades no van a ser felices, es más, no tienen derecho a ser felices. Se dicen «¿cómo van a ser felices si son diferentes al standard de felicidad que nosotros, dioses del Olimpo, hemos determinado? Asesinémoslos, pues
Y así es cómo, en las naciones donde el genocidio prenatal es legal, las personas con Síndrome de Down han prácticamente desaparecido.

Sí, con la legalización del asesinato prenatal, se implantó un diagnóstico para determinar si la persona que va a nacer presenta riesgo de tener Síndrome de Down u otras «anomalías del feto» como los describe esa inmunda ley.

En nuestra patria, en el 96% de los casos donde el diagnóstico prenatal determina que el bebé puede sufrir Síndrome de Down, el bebé es asesinado.

En el estudio llevado a cabo por Dña. Teresa Vargas sobre 352 madres (incluida ella misma) que decidieron dar a luz a sus niños Down, se pone de manifiesto que más de la mitad sufrieron presiones por parte del personal médico para abortar una vez que se conoció el diagnóstico. ¡Y eso por parte de un cuerpo que en el juramento hipocrático se compromete a defender la vida en estos términos!:

«Jamás daré a nadie medicamento mortal, por mucho que me soliciten, ni tomaré iniciativa alguna de este tipo; tampoco administraré abortivo a mujer alguna. Por el contrario, viviré y practicaré mi arte de forma santa y pura

Con todo y con eso, es decir, con una legislación que legaliza el asesinato prenatal y más concretamente el de niños con Síndrome de Down, con una presión enorme para presentar como un «derecho fundamental» el mayor crimen jamás cometido por la Humanidad y con una perversión del lenguaje propio de mentes extraordinariamente siniestras, todavía quedan luchadores por la vida que no se rinden.

Así, en 2014, en consonancia con el Día Mundial del Síndrome de Down que se celebra cada año el 21 de marzo, las televisiones de medio mundo emitieron un anuncio en televisión titulado «Dear future mom» («Querida futura mamá» se tituló en España) patrocinado por varias asociaciones de defensa de las personas Down.

En dicho vídeo, vemos unos niños y jóvenes Down hablando en español, inglés, francés o italiano dirigiéndose a una futura mamá a la que acaban de decir que está esperando un niño Down y que se muestra inquieta, desorientada, desamparada sobre el futuro de su niño. Es sencillamente maravilloso, lleno de sensibilidad, de vida y de sonrisas y me permito, amable lector, dejarle el enlace al vídeo subtitulado en español https://www.youtube.com/watch?v=HRaY0asVAiE.

Esos chicos le conmoverán.

Pero claro, los defensores de la muerte no podían permitir eso: ¡chicos felices! completamente integrados, haciendo un montón de actividades y…¡madres felices! El riesgo era enorme pues un buen número de conciencias anestesiadas por la presión pro-abortera podrían despertarse y empezar a luchar contra el genocidio eugenésico.

Por ello, en 2014, en Francia, el (presunto) país de los derechos humanos, varios individuos y alguna asociación elevaron sus quejas a un órgano llamado CSA («Consejo Superior de lo Audiovisual») que no es sino un órgano censor bajo la máscara de «garante de la libertad de comunicación en Francia«.

Cumpliendo a la perfección su papel de perro guardián del Sistema, el CSA ordenó parar la difusión de ese anuncio porque el mensaje era «susceptible de controversia» y estimó que «el mensaje no se basaba en el interés general»,

Dos asociaciones y siete personas con Síndrome de Down decidieron interponer un recurso al Consejo de estado francés (máxima autoridad en la jurisdicción administrativa). Esa alta autoridad ha emitido su veredicto ahora, en noviembre de este año y, sin sorpresas, lo ha rechazado argumentando que el vídeo era «inapropiado» porque la expresión de felicidad de los jóvenes que aparecen en él «probablemente perturbaría la conciencia de las mujeres que habían tomado diferentes opciones legítimas de su vida personal» e insiste en que su difusión no favorece el interés general de los franceses.

Efectivamente, si se conociera la realidad de la vida de una persona Down, muchas conciencias se perturbarían. Descubrirían que lo que la propaganda machacona les ha hecho creer es pura falsedad. Que son felices y que sus familias son felices. Que muchos van al cole, que hacen deporte y que, con ayuda, cada vez más trabajan. Pero sobre todo, sobre todas las cosas, te hacen mejor persona. Porque aprendes a apreciar infinitamente a una persona que, a pesar de las limitaciones que el mundo quiere imponerle, de las miradas de desprecio y de los comentarios malvados, se come la vida a mordiscos y te hace comprender que el valor de alguien no lo da el dinero o la belleza o la carrera que haya hecho. Y, así, gracias a la persona Down con la que algunos hemos tenido la suerte de vivir, nos volvemos mucho más humildes, comprensivos y abiertos al prójimo.

Si hubiera que definir la vida de una persona Down, me permito modificar una frase que oí hace ya muchos años y que quedaría así:

Cuando naces, tú lloras y todos a tu alrededor también, tristes, desorientados y desamparados. Pero vives la vida de tal manera que, cuando te vas al cielo, tú sonríes y los demás lloran de tristeza porque les has dejado.

Continuará…

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído