David Gistau

Su resentimiento con Podemos se debe a que se sintieron forzados a conceder al PP un voto desmotivado

Los votantes de Rajoy no tienen otro lugar adonde ir que los proteja de las fauces mitológicas del «Populismo»

Su resentimiento con Podemos se debe a que se sintieron forzados a conceder al PP un voto desmotivado
David Gistau. PD

Podemos escora a una radicalidad adolescente con la que regresa, regurgitado como impostura, lo peor del siglo XX

IGUAL que Foxá reprochaba a los comunistas haberlo obligado a hacerse falangista, en los almuerzos y en las conversaciones livianas me encuentro a menudo con personas de calidad cuyo resentimiento con Podemos se debe a que se sintieron forzados por su existencia a conceder al PP un voto reticente y desmotivado, obligado por instintos tan primarios como la conservación de la estabilidad personal.

Este fenómeno, que demuestra hasta qué punto fue un acierto táctico meterle un Alien a la izquierda para que se la comiera por dentro, se potenciará en los años venideros si Ciudadanos sigue achicándose como un partido de fogueo que sólo pretende ejercer un contrapeso dialéctico y exquisito pero empeñado en no desgastarse con las pruebas de carácter ejecutivas de la responsabilidad.

No queremos sillones, dicen, como si ello fuera una credencial de pureza. ¿Dónde creen ustedes que se hacen las cosas, si no es en los sillones, por más que sobre estos haya caído una reputación advenediza pareja al propio desprestigio del oficio político?

La edificación del Partido Único, con sus coartadas de coalición en la almena de la democracia amenazada, se completa con la actual situación gregaria de un PSOE lastimoso y más uncido al carro de su vencedor que Yugurta.

El personaje de la socialdemocracia ya no existe, e incluso el propio PP maneja en monopolio el intervencionismo justificado por esos valores con los que el Estado invade las vidas privadas y las haciendas.

Por si fuera poco, Podemos escora a una radicalidad adolescente con la que regresa, regurgitado como impostura, lo peor del siglo XX. Lo cual mantiene a mis comensales con el voto del miedo depositado a plazo fijo en el PP.

No sólo eso: los mantiene inertes ante los abusos del PP que ya se esbozan. Palizas fiscales contradictorias -otra vez- con las promesas electorales que ahora, en la desfachatez, ni siquiera pueden ampararse en la excusa de la emergencia nacional. Rescates groseros, como el de las autopistas, que se hacen simultáneamente.

Predisposiciones sospechosas en Cataluña para las cuales se abrió una oficinita en el mismo espacio moral donde el Estado decía antes que no podía tolerar chantajes de los que exigían el incumplimiento de la ley -y lo siguen haciendo-.

Por una parte, corto de escaños, el PP va a dedicar la legislatura al «catenaccio» para dormirla en lo posible y que no se le desmonten las leyes de la mayoría absoluta.

Por otra, sabe que no necesita convencer ni seducir a sus votantes porque estos, sencillamente, no tienen otro lugar adonde ir que los proteja de las fauces mitológicas del «Populismo».

Hasta que el PSOE logre reconstruirse, y los plazos subordinados a la ambición de Díaz sugieren que aún tardará mucho, aquí el único contrapeso que queda es el mal humor a lo Casandra de Aznar, el último personaje que aún debe liquidar el marianismo para poder decir, como Narváez, que no le quedan enemigos a los que perdonar.

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