Antonio Casado

Podemos se jibariza

Podemos se jibariza
Antonio Casado. PD

Del líder convencido de que «la clave del poder no está en las instituciones, está en la calle y en nuestras pelotas» solo podía esperarse el traslado de su proyecto al gallinero de la política. Después de haber definido al Congreso como «un parlamento burgués de mierda», lo lógico era que Pablo Manuel Iglesias reconociera públicamente sus verdaderas intenciones: «Yo voy allí a liarla, a montar el pollo, eso lo tengo claro».

Y así lo hizo. Ha explicado que si se quiere avanzar hay que «dar miedo» (populismo que muerde). Cuando faltan menos de dos meses para el llamado Vistalegre II, esa posición lleva las de ganar frente a la corriente encabezada por Iñigo Errejón (populismo manso) que apuesta por la moderación en la tarea de persuadir para crecer.

Las tesis de Iglesias suponen un retorno a «la Tuerka» pero sin viajes a Caracas. Es la jibarización de un partido con serias dificultades para entender y asumir el funcionamiento de un régimen democrático. Lo justo para bajar al 10% de la facturación en las urnas y ocupar el espacio de una izquierda antisistema más cercana al populismo que al juego institucional.

Mal camino para quienes tuvieron el mérito de transformar el desaliento de millones de españoles en creativa indignación. Lo malo es que aquella bulliciosa casta de estirpe universitaria no tardó en suplantar a Hessel y Sampedro por postmodernos vendedores de crecepelos, como Laclau y Lakoff.

Cambiar las ideas por las artes escénicas no podía traer nada bueno en la larga marcha por mejorar las condiciones de vida de la gente. Y la marca Podemos ya es más conocida por su teatralidad que por sus propuestas. Nadie debería llamarse a engaño, y su gente menos que nadie, respecto a la irrelevancia ganada a pulso en la España del tres a uno, siendo Podemos el uno que propone la demolición del «régimen del 78», ante los tres de inequívoco compromiso constitucional.

Por cierto, el bipartidismo goza de buena salud, Rajoy sigue reinando en Moncloa y el sorpasso al PSOE solo fue la pesadilla de una mala noche en la vida de Sánchez. Así es la cuenta de resultados de Podemos, cuya amenaza de retirar el apoyo prestado a los socialistas en algunas Autonomías ha devenido inofensiva. Lo único que ha conseguido es desmentir la doctrina Mafalda («Conocerme es quererme»), tal y como lo vio Javier Fernández. «¿Por qué no quiero tratos con sus dirigentes? Pues porque los conozco», dijo el presidente de la gestora socialista, después de descubrir que pegarse con Podemos es rentable.

Mientras tanto, Pablo Manuel sigue triunfando ante sus fans con la tesis de que el destronamiento de Pedro Sánchez fue un golpe de la casta que refleja la crisis del régimen. No da ni una.

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