Fernando Jauregui

Un resumen de año con más culpables que inocentes

Un resumen de año con más culpables que inocentes
Fernando Jáuregui. PD

Uno se va dando cuenta de que los años pasan por su biografía no solamente por los evidentes cambios en aspectos externos e internos, sino también porque nuevas palabras y conceptos se van incorporando a nuestras vidas, al tiempo que otros se pierden, como tantas tradiciones. Una de ellas, la inocentada del 28 de diciembre, que rememoraba la matanza de los niños de Judea decretada por Herodes; la conmemoración cristiana devino en una costumbre hispana, a veces traducida en bromas pesadas y de pésimo gusto, que se va perdiendo, tal vez afortunadamente, porque gracia, lo que se dice gracia, tenía muy poca. Y, así, la ‘inocentada’ forma ya parte de esas palabras en desuso, consumidas por los nuevos tiempos.

Inocentes, salvo cuando se demuestra lo contrario, somos todos: inocentes se declaran muchos que purgan sus culpas en las cárceles, inocentes y víctimas de la persecución de la Justicia se manifiestan los acusados de corruptelas varias, inocentes los de las ocurrencias municipales que hacen la cusqui a viandantes y, sobre todo, a los automovilistas…

La inocencia, real o pretendida, es uno de los elementos motores de la humanidad, como decía Pompidou de la pereza. Pero ocurre que vivimos insertos en un sistema en el que la búsqueda de culpabilidades se asemeja a la consagración de los chivos expiatorios: es necesario lapidar a un presunto culpable -y, por tanto, presunto inocente_ para que su castigo nos redima de las muchas culpas colectivas que sabemos que nos aquejan. Por eso, quizá, la política es más personalista que grupal, por ello el individuo es más considerado en casi todas las sociedades más importante que el colectivo, el líder más que el partido que lidera.

Y, entonces, el 28 de diciembre, cuando ya se despide el año, es considerado un buen momento para hacer las listas de resúmenes periodísticos con los inocentes y los culpables, los buenos y los malos, los admirables y los detestables. Rostros que, según el entender de los ‘resumidores’, han resultado beneficiosos para sus semejantes y rostros que todo lo contrario. Los periódicos las publican estos días, esas caras que han sido noticia, sobre todo noticia negativa, porque ya se sabe que ‘good news, no news’. Esa es la verdadera inocentada que ahora gastan los medios a esos protagonistas famosos, la última venganza de los rapsodas, de los retratistas al óleo, de nosotros, los gacetilleros: hacer aparecer como potencialmente culpables a los poderosos que quizá son potencialmente inocentes.

Me he detenido unos minutos a considerar cuáles son esos rostros que, para mí, definen lo que ha sido la actualidad política, económica, social, nacional e internacional, del 2016 que se nos va de las manos, y que tanta paz se lleve como a nosotros nos deja con su marcha. Muchos de ellos son, sencillamente, esperpénticos. Haga el lector su propia composición de lugar y rellene las casillas correspondientes a su particular resumen. ¿Para qué, entonces, iban ahora los medios a publicar inocentadas, con lo distraída que ya es la puñetera realidad? Sí: uno se va dando cuenta de que el tiempo vuela porque cada día encuentra a menos inocentes a su paso, quizá porque nos vamos, con la edad, volviendo más desconfiadamente hobbesianos que optimistamente roussonianos. Y eso, cuando te pones a hacer el resumen periodístico del año que se marcha, no puede ser saludable.

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