Raúl del Pozo

Democracia de tuiteros

Democracia de tuiteros
Raúl del Pozo. PD

Ésta ya no es una democracia de oradores sino de tuiteros. Las luchas por el poder se desarrollan en las redes sociales.

«Viral respuesta de Rufián al discurso del Rey», titulan los periódicos. Lo viral, lo que se propaga como un virus, ha sustituido a lo veraz que ya nadie está seguro de lo que es verdadero.

Se convierte en viral cualquier parida, cualquier calumnia. Arturo Pérez-Reverte dijo que la España que sentó en el Congreso a ese joven llamado Rufián merece irse al carajo.

Pero es lo que se lleva y triunfan los textos hiperbólicos y demagógicos, los análisis equivocados que se aceptan como si fueran exactos, los linchamientos al enemigo, el escrache a los disidentes.

Los de Podemos tienen sus sedes en los platós y en las redes sociales, les dan 100 vueltas a los otros partidos. Doblan en seguidores al PP y al PSOE.

La Red es su campo de juego, y como en el fútbol también se presencian en vivo y en directo sus zancadillas y lesiones. Su lucha interna emerge en los hashtags. Quizás por primera vez en la Historia, el izquierdismo aventaja, en la utilización de la propaganda, a la derecha.

Hasta la aparición de internet las luchas sociales se desarrollaban en los libros y en los periódicos y eran más activos los agitadores de la reacción ante los motines y las revueltas obreras. No hay más que recordar los textos de Flaubert contra la Comuna:

«No siento ningún odio por los de la Commune, por la sencilla razón de que no siento odio por los perros rabiosos. Está en sus estertores, es la última manifestación de la Edad Media. La Commune rehabilita a los asesinos».

Cuando la oratoria ha sido desplazada por el micromensaje y el titular, los nativos arrollan a los analógicos y se acabó la oratoria para todos. Hubo un tiempo áureo en el que a la tribuna de las arengas se subían para cautivar a la gente los grandes oradores que habían aprendido retórica en la academia de Molón de Rodas, que fue maestro de Julio César y de Cicerón.

El arte de la persuasión por medio de la palabra tuvo su esplendor en la Asamblea de los jacobinos. Hoy no se echa de menos a los picos de oro. Además no hay que mostrar la verdad desnuda sino en camisa, como dijo el clásico.

Hoy la verdad es menos fuerte que la creencia. Cuando Pilatos le preguntó a Jesús si era rey, Jesús le respondió:

«Por eso nací, para dar testimonio de la verdad».

Pilatos replicó: «¿Qué es la verdad?», y después de decir esto salió.

Voltaire escribe que es una lástima que Pilatos se fuera porque quizás le hubiera respondido que la verdad es una palabra abstracta que la mayoría de los hombres usan con indiferencia en sus libros, por equivocación o por mentir.

Pilatos podría haber inventado la posverdad 200 años antes de que se descubriera que las verdades sólo son probabilidades distorsionadas por las creencias.

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