Santiago López Castillo

Año Nuevo, Vida Vieja

Año Nuevo, Vida Vieja
Santiago López Castillo. PD

Está naciendo un año al mismo tiempo que para todos, aquí no hay discriminación que valga salvo que venga la mala racha y la espiches. Abrir las hojas de este 2017 huele a buenos propósitos. Antes del día de Reyes, todos procuramos enmendar la plana y con ella los renglones torcidos de Dios si es que los tuviera. Se hacen dietas, tablas de gimnasia y paseos por el campo. Está naciendo un año al mismo tiempo que, en principio, es igual para todos, y todos debemos aprovechar los vientos propicios para volar más altos y serenos y orgullosos que nunca.

Esa es una expresión retórica que queda muy bien para la galería pero en cuanto te arropas con la manta de los años pasados, los recuerdos se agolpan y se desbocan como una avalancha de nieve. Y aún habiendo vivido, gracias a Dios, las mayores experiencias del mundo, habiendo recorrido los confines de la Tierra, las mujeres más bellas de la ídem, en número no inferior a 1.500, y no es tirarme el moco, la conducta que da vida a la muerte y la llena de dignidad se basa en el férreo principio de no arrepentirse jamás de nada. O dicho de otro modo, cualquier tiempo pasado fue mejor. Es dar una vuelta de tuerca a la vida, hacernos más viejos.

La nueva ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, viene con bríos y ya ha sobrepasado a Ana Mato y Alfonso Alonso dejándolos en la cuneta. La titular de la salud pública, como gusta decir a la izquierda recalcitrante, está dispuesta a meter en cintura a los padres de esas criaturas amamantadas a base de botellón. Claro que una cosa es lo que se dice y otra, la que se hace. Pero me parece bien. He oído relatos escalofriantes del Samur sobre adolescentes en estado etílico, sus hijos, y, encima, a los benditos de Dios de este ejemplar servicio de Madrid se les ha mancillado porque si los jovencitos estaban pedo, los progenitores estaban ausentes cuando no mamados.

Ya es hora de poner orden a las cosas. Aunque te llamen facha. Pronto le dirán a la titular de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, cuánta rimbombancia, que es una autoritaria y una retrógrada. Hay una norma mediante la cual los progenitores habrán de asistir a cursos para reciclar a sus hijos beodos. ¿Y si no van? Pues la titular de la cosa está dispuesta a sancionarles pero no caerá esa breva. Aquí no pasa nada. Si una criatura la espicha por ilimitadas dosis de alcohol, se abre un expediente que es tanto como leer el «Marca» en la taza del water. Lo mismo que pasa con las comisiones de investigación parlamentaria.

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