Santiago López Castillo

Emigrantes con Fronteras

Emigrantes con Fronteras
Santiago López Castillo. PD

Ya sé que poner puertas al campo no está bien visto e incluso hubo que derribar barreras para ponernos muy dignos y muy guapos los europeos. Pero eso ocurrió en 1995. Hace 21 años, y una veintena de años da para mucho o para nada, según se mire. Creíamos que en Europa todo el campo era orégano. Pero Oriente más Irán e Irak complicó el panorama internacional. Ya lo dijo Sadam Hussein antes de ponerle la soga: mis fieles seguirán luchando contra los infieles, el mundo occidental. Ya lo estamos viendo: EE. UU., España, Francia, Gran Bretaña, Bélgica, Marruecos, Alemania, Turquía…

Es el islamismo, hermano. Y no me vengan con el islamismo bueno y el malo. La doctrina de Alá es contraria al cristianismo, a muerte. He ahí el mal llamado Estado Islamista (ISIS) que sólo corta cabezas blancas pero con más saña que los indios siux cortaban cabelleras en el oeste americano. Bueno, pues aquí nos avergonzamos de aquella inconmensurable gesta: echar a los musulmanes que habían hecho de nuestro territorio Al Andalus. Se cumplen (no se celebran, los episodios históricos españoles se omiten vergonzosamente) 125 años de la rendición de Boabdil ante los soldados hispanos, cuadro que podemos contemplar en una de las principales salas del Senado. Pues, nada, algaradas, desaprobaciones, como la conquista de América, que seguramente fue obra de Franco. Así nos luce el pelo en conocimientos de nuestra propia historia.

Europa, lamentablemente, está en guerra. El fanatismo musulmán se va imponiendo a base de golpes de efecto. O sea, muertes y más muertes. Los yijadistas ponen en guardia a todos los cuerpos de seguridad europeos. A la más mínima, un enloquecido entra en una discoteca -cómo les gustan las minifaldas y las fragancias de Chanel y el jamón ibérico y el güisqui- y te fríe a cuarenta inocentes sin romperlo ni mancharlo. De modo que algo han de hacer nuestros regidores comunitarios porque las entradas libres a los distintos países no se deben consentir. Hay miedo. Mientras los progres alientan su entrada con banderolas y pancartas pero nadie puede rechazar la de los gays y lesbianas porque será tildado de homófono y machista. Todos ellos/as, joder con el lenguaje sexista, son jóvenes, forman su gueto y, salvo excepciones, jamás conviven con los nativos del país de destino. Viva la raya.com.

Para los indocumentados, la dominación árabe en España duró ocho siglos. Pero muchas feministas y feministos añoran los burkas y los talibanes, manda huevos, ahora le vuelve a tocar a usted.

Hablar de Ceuta y Melilla, por último, nos daría para otro comentario, en el que, por fuerza, habría que alabar los santos cojones de la Guardia Civil junto a la valla de separación. Siempre jugándose la vida.

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