Jaime González

Carta a los Reyes Magos

Carta a los Reyes Magos
Jaime González. PD

Soy consciente, Majestades, de que esta carta les llega en tiempo de descuento, sobrepasado el umbral reglamentario. La demora no es para ponerles a prueba, pues jamás he puesto en duda su existencia, por mucho que proliferen los «reyes magos» de pega.

De un tiempo a esta parte, el intrusismo en el sector se ha traducido en una plaga insoportable de melchores, gaspares y baltasares sin carné, síntoma de que el oficio pasa por un periodo de franca decadencia.

Si me he retrasado en el envío de esta carta es porque confiaba en que obraran ustedes el milagro de desenmascarar a los secuaces que organizaron la cabalgata de Vic, pero ya entiendo que su papel no consiste en delatar al tropel de mamarrachos que han sustituido la estrella de Belén por la estelada.

Ese es el motivo de esta carta: pedirles que nos libren del conjuro de tanto aprendiz de brujo. ¿Sería posible, Majestades, reconducir las cabezas de quienes se han empeñado en descoser las costuras del traje?

No me refiero al suyo, que también corre peligro, sino al de este país que se ha llenado de pronto de truhanes. Tráiganles un poco de cordura, una brizna de sensatez, algún brebaje capaz de contener su delirio.

Y ya que estamos en faena, me gustaría pedirles un puesto de trabajo para todos aquellos a los que aún no les ha tocado el premio de encontrar un empleo, pues no se me ocurre mejor regalo o presente que aquel que viene dentro de una caja con la palabra «porvenir» o «futuro», a modo de lazo.

Poco a poco, las cosas van mejorando, pero no estaría de más que hicieran el favor de poner en valor su condición de magos echándole polvo de estrellas al mercado de trabajo. A poder ser, un buen puñado, que hay cosas en las que no conviene escatimar.

Pedirles paz va de suyo, pero ahora más que nunca, porque proliferan los actos terroristas, las guerras asesinas y las peleas de patio de vecinos, como si el mundo hubiera enloquecido y se empeñara en involucionar a toda prisa. En clave interna, que España le doble el pulso a Expaña.

Y que la estabilidad sea de amplio espectro. Y que no germine el odio en los extremos. Y que se ensanche el campo. Y que nazcan más niños con un pan debajo del brazo, pero blando. Y que los días no vengan cuesta abajo, ni los meses cuesta arriba. Y que saquemos pecho sin pasarnos. Y que nos miremos prudentemente al ombligo, porque este país merece tanto la pena que estoy seguro de que volverán ustedes el año que viene.

Por la cuenta que nos tiene.

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