Juan A. Cordero

Ciudadana Forcadell

Ciudadana Forcadell
Juan Antonio Cordero. PD

No tomarás el nombre de Dios en vano. Es el segundo mandamiento de la Ley de Dios. Tal vez sean viejas reminiscencias religiosas pero lo cierto es que me siento más cómodo anteponiendo a su nombre la palabra ciudadana que la que correspondería a su cargo. Yo creo que es menos arriesgado. Lo sé, soy muy estricto con el lenguaje. Prefiero dejar la palabra honorabilidad, y lo que ella conlleva, para conceptos y situaciones no estrictamente protocolarias y más bien relacionadas con la dignidad, honradez, rectitud, integridad, nobleza, lealtad o decencia.

Uno de sus últimos deseos, señora Forcadel, ha sido que todos los catalanes se puedan expresar con la misma libertad que lo hace el Rey, o que usted misma. Una reflexión que, por profunda, me ha producido un gran desasosiego. No sé cómo entenderla y me va provocando un tsunami de pequeñas reflexiones y opiniones personales, una de las cuales puede ser esta. Con todo respeto.

Soy un catalán nacido en Astorga (León), sin pedigrí, es cierto, pero también sin síndrome de Estocolmo. No pude ejercer el derecho a decidir donde nací pero tampoco estoy traumatizado por ello. Procuro que las decisiones que puedo tomar, guarden un mínimo de coherencia cognitiva con mi forma de ser y estar. Ejerzo mi derecho a decidir alejándome de causas que, vestidas con banderas y estrellas, tratan de ocultar insolidaridad, conservadurismo y diferencias étnicas en las que no creo y acercándome a otras mas gratas o estéticas.

Soy un catalán, que escucha, habla y lee lo que quiere y en cualquiera de las lenguas que puede entender, hablar y leer… que tampoco son tantas. He trabajado trabajado 41 años en la Enseñanza Pública. Y creo conocer desde dentro lo que se cuece en ella. Mandangas y ruedas de molino con las que va comulgando el profesorado en un ambiente de ideologización, donde los contenidos, los currículos, los aprendizajes… han sido un apartado menor y subsidiario de la propaganda del Leviatán nacio-secesionista. Y he visto mucha libertad de expresión, pero descompensada. Mejor dicho, unos tenían libertad de expresarse a favor del vendaval que soplaba y eso les hacia crecer en lo profesional y sentirse bien… mientras que otros tenían la misma libertad para no expresarse, para callarse, evitando caer en desgracia. Pero mucha libertad, eso si.

Los catalanes representados por la maquinaria publicitaría de TV3 y sus numerosos aledaños, no podrán quejarse de tener límites en la libertad de expresión. Día y noche, por tierra, mar y aire, en medios públicos y privados, en papel o formato digital, por radio o televisión, en tertulias o conferencias universitarias, en subvenciones, en premios o en castigos… su cansino mensaje ha quedado claro, y todos los niños de guardería, e incluso algunos de Primaria, saben que España nos roba, pero los pujoles no. Clases de historia prêt-à-porter.

Durante años y años, ustedes, autodenominados representantes de Cataluña, confundiendo a su favor parte y todo, llevan expresándose tan libremente que se han saltado las normas más elementales no ya de contraste y veracidad, sino de pluralidad democrática y de respeto. Y todo ello sin asomo de sonrojo, como los tocados directamente por el dedo de Dios, único ser ante el que, dicen, darán cuentas.

Y siguen haciéndolo… Pero ya apenas le quedan credibilidad ni audiencia entre los suyos… y buscan titulares. Máquinas de titulares zafios, toscos y vulgares más orientados a los intestinos que al entendimiento, con los que reavivar una llama cada vez más apagada… porque no se puede engañar siempre a todos, sino a algunos y solo durante algún tiempo. Han pasado de descuidar las formas a pisotearlas. De la astucia a la estulticia. Un gran paso, ya lo creo.

Ya no tienen reparos en usar, en abusar, en manosear, en sobetear a la infancia y sus ilusiones ni en la Cabalgata de los Reyes Magos. ¿Qué puede importarle la magia de esa noche al ejército de cruzados rumbo a la tierra prometida? Todo vale como mercancía propagandista al servicio de un fin último y único: eliminación de derechos individuales y prioridad de los derechos de tribu. Eso es lo que Ustedes llaman su mandato democrático, destruir la democracia. ¿Quién más había hecho esto? Ah, sí, ya recuerdo. ¿Cómo olvidarlo con las vidas que costó?

Hablaba de desasosiego al leer su reflexión. Finalmente creo haber llegado a la conclusión de que Usted, señora Forcadell, en el fondo, debe de estar cerca muy de la felicidad, del clímax, del nirvana… de estados cercanos al éxtasis de los que tenemos alguna idea a través de personajes místicos como Santa Teresa de Jesús, que ‘moría porque no moría’ de tan alta vida como esperaba.

La supongo feliz porque cualquier catalán, como yo mismo, incluso sin soporte alguno de Tevetreses, Vanguardias, Godoes, Mikimotos y demás carcundia… puedo expresarme como deseo y como lo estoy haciendo, libremente, como el Rey, o como Usted misma, Señora Forcadell. Los que queremos expresarnos libremente, podemos hacerlo, Señora Forcadell. Sólo se nos exige una actitud de respeto sobre lo que hablamos y escoger el medio en que lo hacemos. Esas son las premisas.

Otra cosa, Señora Forcadell, es cometer delitos. Voy a intentar ser muy pedagógico para que lo entienda. Incluso podría escribírselo en catalán para asegurarme de lo que le digo llegue donde tiene que llegar… con independencia de que, después, sea comprendido o no.

Una cosa es libertad de expresión, que la tiene todo el mundo, en España y otra muy distinta es echar el cedazo e intentar retener a los otrora fieles de la fe nacionalista que van abriendo los ojos gracias a lo que a Ustedes les comienza a ser difícil de esconder: sus tics de totalitarismo rancio y manirroto y sus déficits democráticos que los homologan más con las repúblicas bananeras que con el bienestar occidental.

Usted y los suyos, pueden decir y dicen lo que quieren y donde quieren. Y aquí, en Catañuña sobre todo pero no únicamente, Ustedes tienen muchos dondes. Todos los dondes.

Fíjese lo que podríamos decir de la libertad de expresión los millones catalanes vetados por nuestra lengua y/o ideas, en TV3. ¿En qué programa de la parrilla de TV3 muestran Ustedes algo del pensamiento de los que nos consideramos catalanes y españoles y que somos más del 50%? ¿Qué tipo de democracia están utilizando Ustedes? ¿Han caído en la cuenta de que ese más del 50% también paga la juerga de TV3? ¿A esto le llaman Ustedes democracia, respeto y transparencia? Porque a simple vista parece más bien Edad Media y Moderna, tiempo previo, en todo caso, a la Revolución Francesa y la Independencia de los EEUU, allá por el S XVIII, es decir, su paraíso.

Ustedes, y nosotros, podemos pensar y podemos decir lo que queramos sin ofensas, mentiras ni falta de respeto. Lo que no podemos hacer es todo lo que pensamos y tampoco todo lo que decimos porque existen unas normas que nos hemos dado entre todos para que nuestra sociedad deje de ser una jungla. Y esto viene de lejos, señora Forcadell. No lo inventaron los españoles maléficos de Madrit. No. Fueron otros. Fueron los padres del concepto Estado: Locke, Hume, Hobbes, Rousseau… Tal vez debería releerlos o simplemente leerlos. Ellos son la base de la legalidad del Estado, primero, y después, de la Democracia, que en nuestro caso, es lo mismo.

Y la legalidad se va corrigiendo con el juego de participación de mayorías y minorías… desde dentro del Estado… porque antes de él, del Estado, me refiero, había solo feudalismo, tribus, absolutismos, dictaduras y poder religioso. Destruir el Estado es volver a la situación previa. Su viaje a Ítaca, es la Revolución o la vuelta al fuero, patria y honor, es decir, la eliminación de los derechos individuales. Tal vez la vuelta al derecho de pernada de la Baja Edad Media.

Romper absoluta y abruptamente con una legalidad vigente, democrática y aceptada por los países más modernos y avanzados del mundo, es un Golpe de Estado, señora Forcadell. Y el Golpe de Estado no puede ser amparado dentro de la libertad de expresión. Y el que pretende confundir llamando libertad de expresión lo que sólo es un Golpe de Estado no se merece ser representante de nada ni de nadie.

Siempre ha habido personajes a los que les estorba la legalidad para poder vivir mejor: ellos, su familia, su raza o su casta. Tienen un nombre genérico, y sabia y graciosamente los puede representar Napoleón. No Napoleón Bopanarte, no. Napoleón el de la Granja Manor, de Rebelión en la Granja, de Orwell… Una obra que le aconsejo por lo sarcástica y divertida aunque también por lo pedagógica, e incluso analógica, de situaciones cotidianas que todos tenemos desgraciadamente bastante a mano.

Ustedes, los teóricos del nacio-secesionismo, están corrompiendo la democracia a base de mentiras, medias verdades, ocultaciones, manipulación y propaganda. No es su locus la democracia y el progreso colectivo. No creen en ella más que de una forma tangencial y utilitarista. Les sirvió el disfraz para salir de la dictadura donde, como otros muchos, no pintaban nada. La democracia les dio el cuerpo y músculo que no tenían aunque estaban organizados, pero la fiera no se conforma con nada que no sea seguir y seguir medrando. Y el temor a que la modernidad, la democracia, España y Europa, puedan poner fin a la cosa nostra pujolista y/o nacio-secesionista, les ha dejado sin la careta, y así, vuelven a ser percibidos como lo que siempre han sido: carlistas, conservadores, antiliberales, gente de fuero y patria, enemigos el progreso y del avance social, adobados con personajes singulares de aquí y de allá que les ayudan a no parecer tanto lo que son. Es posible que hasta se den vergüenza de ser como son, o que crean que siendo vistos como son, apenas gocen de simpatía en la ciudadanía.

Engañan a muchos porque controlan los medios y han regado bien los campos, pero no se engañen a ustedes mismos. Les pasa igual que a la droga y sus efectos: cada vez necesitan inyectar mayores dosis de odio y manipulación para conseguir los mismos efectos, y por eso la partida la tienen perdida.

Hace tiempo que han agotado las fuentes de su retórica rupturista del cuanto peor, mejor… y ahora ¿que les queda?. ¿Cuántas diadas y referéndums necesitan al año para mantener la sensación de que la llama sigue viva? ¿Les queda aún dinero para pagar y pagar tertulianos papagayos del sonsonete secesionista? ¿Serán tan dóciles los de TV3 cuando sus sueldos no sean tan estratosféricos? ¿Y el Grupo Godó, y otros, cuando dejen de recibir esas jugosas subvenciones y anuncios? ¿Siguen estando seguros de que interpretan correctamente el sentimiento catalán? ¿Aún mantienen en nómina los lumbreras demoscópicos de las dos últimas elecciones? ¿Están seguros de que su valentía no está fundamentada solamente en su creencia de que la legalidad no se va a cumplir? ¿Están seguros de que esta vez tampoco?

Ni un paso atrás. De victoria en victoria hasta la derrota final. Han roto todos los puentes, o lo han intentado, porque quieren aislarnos mientras dicen protegernos y pintarnos un mundo feliz. Aislarnos de España y de aislarnos de Europa, de nuestro mundo occidental, de las conquistas sociales relevantes como los derechos humanos. Ciertamente tienen un serio problema con los derechos humanos… que siempre son individuales, no tribales.

Su derecho a decidir es una burda pantomima. Es una pamplina, muy sexy para algunos, si, pero pamplina. Pamplina porque no existe un derecho genérico a decidir. No confunda opinar o decir con decidir. Podemos opinar sobre todo, de hecho lo hacemos a menudo, aún sin tener bases suficientes. Y eso no es delito. Pero la decisión ha de inscribirse en el ámbito dentro del cual cada uno tiene esa capacidad para hacerlo. Y eso, por no hablar de que, incluso, no existen ámbitos dentro de la democracia (fuera, sí) para decidir sobre eliminación de determinadas conquistas sociales. Y es bueno que no haya estancias políticas (Parlamento incluido) que puedan anular, por ejemplo, el derecho a la igualdad entre el hombre y la mujer, el derecho a la educación de los niños… y una larga fila de conquistas que nos han costado siglos conseguir. No se pueden eliminar de un plumazo. Y si se hace, tiene un nombre: Golpe de Estado y una penalización como cualquier otro delito de los descritos en nuestro Código Penal.

Por muy buen rollito que le hayan echado a la revolución de las sonrisas, por bien que hayan escogido el momento de crisis económica para el órdago, por muchos personajes de presunto prestigio que vayan colocando (cantantes, jueces, actores, tertulianos y tertuliantes…) no logran ocultar el hedor de su aliento y de sus intenciones contra los derechos individuales de los ciudadanos.

¿Incluirían Ustedes, señora Forcadell, ese sacro derecho a decidir, en Barcelona o en Tarragona? ¿Les permitirían el derecho a decidir, en su caso, ser independientes de Cataluña? ¿Permitirían al barrio de Pedralbes o Sant Gervasi separarse de Barcelona? ¿Por qué eso no es decidible y lo otro si? ¿Por qué siguen sin poder decidir los padres sobre la lengua de escolar de sus hijos? ¿Quién decide sobre lo que es o no decidible? En Venezuela, hubo también un señor que se saltó la legalidad, prometió el cielo y hoy su pueblo paga las consecuencias. También decidió sobre lo que se podía decidir y sobre lo que no. Y Ustedes no son distintos. De hecho, sus apoyos parlamentarios aún andan riéndole las gracias a no pocos tiranos bananeros.

Ustedes ya están decidiendo sobre las cosas que tenemos que decidir y sobre las que no y también lo que tenemos que decidir sobre esas cosas que ustedes han decidido. Su mantra esconde la falta de valor de pedir la Independencia. Saben que esa pieza es demasiado grande para las postas que llevan… y usan su libertad de expresión para engañar. Y parece ser que eso, engañar, mentir, falsear, equivocar, confundir, engatusar, fascinar, embaucar, decepcionar y otros muchos más, parecidos, siguen sin ser delito porque Ustedes lo hacen todos los días, a bombo y platillo, y no les pasa nada.

No es delito que odien Ustedes a los españoles, ni que lo digan. Si es delito que den el siguiente paso, y que las derivadas de ese odio disminuyan o recorten derechos o anulen libertades ciudadanas.

No es delito que Usted piense que le gustaría ser rusa, por ejemplo, pero si es delito falsificar una documentación o suplantar la identidad rusa, bajo la idea de convertir su opinión en realidad.

No es delito que Ustedes se confiesen independentistas, tanto si lo son por convencimiento como si lo son por conveniencia y arribismo, pero si es delito que infrinjan leyes votadas por todos o que asuman unas prerrogativas que la ley no les otorga.

No es delito pensar que el catalán es un ser superior, que tiene contacto directo con Dios, pero si es delito tratar a los demás como si fueran inferiores y aplicarles una vara de medir distinta.

No es delito pensar que estamos pagando impuestos que nos parecen injustos, inmorales o ilegales, pero si es delito, dejar de pagarlos.

En un Estado de Derecho como el nuestro, por mucho que a muchos les pese, votado por todos, la solución no está en saltarse la ley. Nuestro Estado de Derecho fundamenta la democracia y los partidos, los independentistas como el suyo, también señora Forcadell (y eso no es obvio en todas las Constituciones de países democráticos).

El cumplimiento de la ley sirve igual para Usted, para mi y para el Rey, señora Forcadell. Esto es el Estado de Derecho, donde las leyes están hechas por y para todos, por encima de nuestras apetencias personales y de nuestros rangos. Y por conseguir estas cosas, respeto a la legalidad, derechos individuales, etc, cosas baladí para algunos, muchos han entregado sus vidas.

Conocemos el proceso de todos los populismos porque todos los populismos son homologables y acaban de la misma manera, en la supresión de libertades. Primero, derogación de las leyes vigentes, segundo, ¡exprópiese!, tercero control de los medios (en su caso, esto no requiere demasiado esfuerzo), cuarto, violencia en las calles, y quinto, hambre y racionamiento. Son sota, caballo y rey. Pueden vestir la muñeca como quieran, de sonrisas, de colorines o de intelectuales y partidos que se dicen de izquierdas y algunos hasta se lo creen. Pueden hacer lo que quieran, pero la muñeca seguirá siendo muñeca.

Es muy difícil rectificar. Lo sé. Más cuando el caballo que han montado, al que tanta espuela le han metido, va desbocado y Ustedes ya no lo pueden embridar. Ni siquiera pueden mantenerse encima por asidos que crean estar a sus crines.

Pero si le quedara algo de honorabilidad, señora Forcadell, sí, de esa honorabilidad que va adjunta al cargo que Usted ocupa, recapacite, reflexione, y asuma que no sólo es responsable ante el caballo desbocado. También es responsable ante el resto de los catalanes que le pagamos el sueldo, aunque no nos guste ni lo que dice, ni cómo lo dice, ni donde lo dice, ni tampoco lo que hace.

Y, por eso, porque pagamos y porque no nos resignamos a ser tratados como ciudadanos de segunda, también nos gustaría sentirnos representados por el Parlament de Cataluña y por su Presidenta.

Saludos

Juan A. Cordero

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