Antonio Burgos

«El alcalde de Sevilla, por complacer a los podemitas, no ha puesto un símbolo religioso»

"El alcalde de Sevilla, por complacer a los podemitas, no ha puesto un símbolo religioso"
Antonio Burgos. PD

Antonio Burgos, en el ABC de Sevilla, se marca este 7 de enero de 2017 una brillante tribuna sobre la iluminación y se fija en lo que ha sucedido en su ciudad estas Navidades y la manía de algunos templos por pasarse en el número de vatios. Arranca así:

Cuando las bombillas eran de filamento, lánguidas y como tristonas, y no cegadoras lámparas LED, en Sevilla no había más que un ascua de luz. Una única y tópica ascua de luz: la Feria. Que levante la mano el pueblo de la provincia que no presuma de tener un monte tan alto del que digan:

-En las noches claras, desde allí se ve el resplandor de las luces de la Feria de Sevilla.

Es como algo de lo que ahora me acuerdo de mi respetado y admirado artillero el teniente general don Manuel Esquivias (q.s.G.g.), que hablando de las vistas de un piso alto que tenía en el Paseo Marítimo de Cádiz, con su guasa honda del barrio de San Lorenzo, me dijo:

-Qué vistas no tendrá el piso, Burgos, que en las mañanas claras te asomas a la terraza y ves Buenos Aires.

Plantea que:

Quizá ahora las luces de Sevilla que se vean desde los pueblos, al modo de la guasa bonaerense del General Esquivias, sean las que anoche se apagaron: las de Navidad. Sí, esas donde por complacer laicamente a los podemitas que lo llevaron a la Alcaldía, Espadas no ha tenido el valor de poner ni un solo símbolo religioso que recuerde el Nacimiento de Jesús. Tantas luces y tan laicistas se han puesto en las calles de Sevilla que seguro que desde la cornisa del Aljarafe se veía a la ciudad como antiguamente la Feria: como «un ascua de luz».

-Pues anda que la factura de Endesa que tendrá que pagar este mes el Ayuntamiento va a ser menúa…

Aclara que:

No, a lo mejor Endesa convida a ascua de luz. Es lo que suele hacer la Fundación Endesa, con la mejor intención del mundo, y desde los tiempos en que la presidía mi recordado y currista amigo don Jaime Ybarra Llosent, un sevillano clásico entre los clásicos, con el que te podías llevar hablando tranquilamente en camelo durante media hora, quedándote con quien estaba al lado y no se enteraba absolutamente de nada, ni de que todo era una larga broma al hispalense modo llamado cachondeo.
No niego la labor, el patrocinio ni la buena intención de la Fundación Endesa al pagar de su bolsillo tantas iluminaciones interiores y exteriores de monumentos sevillanos, especialmente iglesias. De las iluminaciones exteriores, nada digo en el caso de las iglesias y conventos. Es una bendición ver ese bosque de espadañas iluminadas en el cielo de Sevilla, un sueño que promovió el ahora olvidado Florentino Pérez Embid, gran benefactor y protector de nuestro patrimonio artístico.

Se cuestiona que:

En lo que tengo mis dudas es en esta moda de meterle «luz, más luz», a lo Goethe, al interior de los recintos sagrados. ¿No decía Goya que «el tiempo también pinta»? Bueno, pues la penumbra también reza. Y miedo me da entrar en la Iglesia del Señor San Jorge (que en sevillano se escribe así, pero se pronuncia «La Caridad»), a la que acaban de meterle toda la iluminación del rumbo y tronío que gastarse suele Endesa, ella de soltera Sevillana de Electricidad. O estoy muy equivocado, o en la loable labor que la Hermandad de la Caridad está haciendo para resaltar los valores de su patrimonio histórico, habían organizado incluso visitas de la iglesia del Señor San Jorge a la luz de los candiles. Para esa luz fue para la que se hicieron las barrocas iglesias sevillanas: para las luces de aceite o de cera, no para estos miles de watios de las iluminaciones eléctricas. Valdés Leal no pintó las Postrimerías para que se vieran como con un foco de plató de cine, sino para la penumbra de la oración y la meditación. Ni las esculturas de Pedro Roldán en el retablo mayor de Bernardo Simón de Pineda fueron talladas para soportar esta luz cegadora.

Y remacha:

Ya sé que Dios dijo: «Hágase la luz». Pero es que llegó la Fundación Endesa y no solamente hizo la luz en tantas penumbras de oración y recogimiento, sino que se le fue la mano. Así que le echaré valor, me pondré las gafas de sol para no deslumbrarme e iré a esa benemérita Caridad que acoge a Carlitos Fernández, el genial artistazo que le tocaba los palillos a Doña Concha Piquer en sus espectáculos.

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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