Juan Pablo Colmenarejo

Los independentistas catalanes pondrían el referéndum el día 17, del mes 17, del año 17

Los independentistas catalanes pondrían el referéndum el día 17, del mes 17, del año 17
Juan Pablo Colmenarejo (COPE). PD

La mitología del independentismo tiene grabado el número 17 en el imaginario colectivo hasta perder el conocimiento. Por eso, como si se tratara de un sorteo, apuesta a ese número intentando crear una leyenda a principios del siglo XXI. No hay tantos meses como querrían los que están organizando lo imposible.

Si hubiera cinco más, pondrían el referéndum el día 17, del mes 17, del año 17. En 1714 terminó una guerra internacional que por inclusión lo fue civil entre los partidarios de dos dinastías. Ingleses y franceses se enfrentaron en España defendiendo sus coronas. Prueba viva de aquella confrontación es que Gibraltar dejó de ser España a partir de entonces.

Lo demás es la recreación de una historia a gusto del consumidor. Los defensores de Barcelona pelearon por la unidad de España que creían en peligro con el triunfo de los Borbones. Estamos ante la etapa final de una carrera hacia ninguna parte.

El 17 de septiembre podrá haber lo que los independentistas quieran. Pero nada más. Y tampoco se hallará con ese método la solución. Tienen razón aquellos, como De Carreras, Borrell o Piqué, que reclaman más ideas para hacer frente a quien solo las destruye y ha conseguido crear un sentimiento de agravio injusto desde cualquier punto de vista.

El llamado proceso independentista está perdiendo aire y ahí es por donde el Estado y la idea de la España constitucional tienen la oportunidad de ocupar el espacio. El Estado de las Autonomías no permite asimetrías, salvo los privilegios constitucionales del País Vasco y Navarra, pero sí diferencias como que la comunidad catalana tenga Policía propia y con todas las competencias en Seguridad.

Nadie duda de que hay que mejorar la financiación, más que nada porque no parece que nuestra cara descentralización pueda tener marcha atrás. Convergencia se ha disuelto y entregado en manos de un partido como la CUP, que la ha destrozado como haría con cualquier parte del sistema democrático.

Esquerra Republicana espera quedarse con todo y los socialistas se dejan querer por la tentación de un movimiento de izquierdas con Ada Colau y el Podemos catalán. No lo va a parar ni Susana Díaz, ni nadie. El PSOE sólo está aplazando su problema, a sabiendas. Por eso aguantar, como hace el presidente del Gobierno, no es la peor de las salidas.

No existe el derecho a decidir porque amputa los del resto de los ciudadanos españoles. Una parte no puede decidir sobre el todo. No existe ni en estados tan federalistas como el nuestro.

Te mandan a un fiscal con policías si te pones a jugar a las fronteras. La clave, como siempre, estará en el dinero. O mejor dicho, en saber hacer política con ideas sin salirse del margen, aunque los otros ya estén fuera.

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