Santiago López Castillo

Sociología del disparate (II)

Sociología del disparate (II)
Santiago López Castillo. PD

Estos de las encuestas, que ahora se llaman endoscópicas, tienen mucha rimbombancia y predicamento, deben estar muy aburridos cuando han hecho una prospección sobre el «taco». Es decir, con el que nos escupimos los unos a los otros, y, en especial, los españoles. La Universidad holandesa de Maastrich, donde se cocieron gran parte de los fundamentos de la Unión Europea, ha gastado el tiempo en averiguar qué tal son los que dicen palabras soeces, que a ti mismo te envileces, y cómo son los pulcros, los educados, porque no se sabe si ellos verán a Dios, eso está por ver.

El resultado de esta muestra mostrenca da como resultado que los que insultan, vituperan, se cagan en tus muertos son más honestos que los llevan consigo la educación y el comedimiento. De modo que como usted es muy majo y se fricciona con varón dandy tiene el derecho a cagarse en la puta madre del vecino porque le acredita su lenguaje soez mientras que el recatado o pulcro es despreciado, muerto y sepultado.

Estas bufonadas metroscópicas, endoscópicas o como se definan, luego salen en la prensa, los telediarios, cada vez menos telediarios y más panfletos de sucesos y de la dolce far niente, que es lo que los italianos entienden por no hacer nada o programas de polvo y paja que en exclusividad emite la 5ª o la 6ª, mambo. En tiempos no lejanos se llevaba mucho la sociología porque era una carrera corta y justificaba las veleidades políticas. El gobierno de Aznar fichó a una socióloga (CIS) para hacerla ministra de Educación y Descanso, esto último lo añado yo, llamada Pilar del Castillo, a la que los sociatas acusaban de cocinar pero nunca cuando ellos, los zapateristas, barrían para casa sin árbitro ni reglas de juego. La ley de educación del PP fue al traste de la misma manera con Rajoy porque la izquierda no quiere aprender, está cuadriculada en sus casillas doctrinarias y de ahí no le sacan.

Mientras tanto, seguiremos entreteniéndonos con estas chorradas de encuestas ya que, como se dice, cuando el diablo no tiene nada qué hacer mata moscas con el rabo. Extrapolando estos sondeos del divertimento al mundo político, pienso que los electores y elegidos no pueden basar el poder como patente de corso porque supondría sembrar todo un mar de dudas, sombras e incertidumbres, hasta llevarnos al fraudulento y peligroso juego de confundir el mando con la sabiduría, la honradez y la prudencia.

De momento, cáguese en los muertos de su vecino que la estadística le condecorará como un ser honesto y respetuoso. Vaya usted, pues, a su entidad bancaria e insulte al director de la entidad.

PD.- ¿Por qué será que todos los extranjeros que vienen a España, lo primero que aprenden son los «tacos»? Váyanse a tomar por culo.

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