Ignacio Camacho

Este PSOE se merece a Patxi López, pero España merecía a Javier Fernández

Este PSOE se merece a Patxi López, pero España merecía a Javier Fernández
Ignacio Camacho. PD

POR una de esas inexorables leyes de la adversidad que tan a menudo rigen en política, el mejor candidato para liderar el PSOE no se va a presentar a las primarias. En cualquier proceso de selección entre la actual nomenclatura sería imposible soslayar al ingeniero Javier Fernández: tiene pedigree, sensatez, firmeza, autoridad moral, moderación y patriotismo.

Su discurso ante el comité federal fue un modelo de honestidad autocrítica que llevaba mucho tiempo sin oírse en las filas de ningún partido. Es la clase de hombre que todo el mundo quisiera tener cerca cuando hay un problema, y desde luego el dirigente que mejor habría encarnado la réplica al marianismo.

Pero se le ha pasado la edad, tiene el corazón algo cansado y ya sólo desea rendir responsabilidades y marcharse a casa; hasta la presidencia del Principado se le está empezando a hacer larga.

Como los antiguos senadores romanos, quiere dejar la túnica y volver a su campo y a su azada. Por eso lo cooptaron como presidente de la gestora: de su lealtad nadie podía esperar una amenaza.

Antes de irse tiene que organizar unas primarias limpias, en las que a ser posible no parezca que quiere entronizar a Susana.

Esta era antes una tarea fácil, cuando el PSOE era una organización seria, pero el interior del partido se ha envenenado de mediocridad en los años de Sánchez y para empezar hay un conflicto con un censo sospechoso de infiltraciones y lo que antes se llama «entrismo».

Fernández lleva un trimestre apagando fuegos internos sin que se atisben siquiera las llamas, lo cual dice mucho de su talante, y además ha cerrado con el PP más acuerdos en dos meses que Pedro Nono en dos años.

Todavía hasta mayo la política española vivirá una cierta estabilidad consensuada; luego, el o la que gane el liderazgo tendrá que buscarse su propia estrategia. Como partido no se le puede pedir más: ha estado a punto de autoliquidarse en el ejercicio de su responsabilidad de Estado.

Esa es la tradición que representa Fernández. La del legado de González, que aún sigue siendo el mejor patrimonio de la socialdemocracia. En su discurso del sábado, el asturiano dijo bien claro que entre el partido y el país ningún político serio puede tener una vacilación en sus lealtades.

Pues bien: al menos uno de los precandidatos tiene dicho que para él como socialista lo que resulte mejor para el PSOE será siempre lo mejor para España; así están las cosas y así luce el sentido patriótico de estas nuevas cabezas preclaras.

Es probable que el proceso de primarias conduzca a una sublimación del principio de Peter que encumbre al máximo nivel de incompetencia a alguna minerva iluminada. Ya ocurrió con Zapatero y luego con Sánchez.

Acaso este Partido Socialista se merezca a Patxi López, pero España se merecía a Javier Fernández o al menos a alguien con el alma tan limpia y la cabeza igual de amueblada.

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