José María Carrascal

Antes incluso que un secretario general, el PSOE necesita decidir qué quiere ser

Antes incluso que un secretario general, el PSOE necesita decidir qué quiere ser
José María Carrascal. PD

NADA muestra mejor el desconcierto y debilidad del PSOE que haya sido Patxi López al primero que se haya tirado al ruedo en la lidia de primarias para lograr la secretaría general. ¡Patxi López nada menos! El que llegó a lehendakari con el apoyo del PP, para traicionarle a las primeras de cambio y facilitar que el PNV recuperara la lehendakaría del País Vasco.

El presidente del Congreso más parcial en los pocos meses de gobierno provisional, el que no ha desaprovechado oportunidad para zancadillear a los populares y acercarse a los nacionalistas, sin hacer ascos a los podemitas. El felpudo de todo aquel que le permita continuar en coche oficial.

El que cogió el Partido Socialista Vasco con más militantes y lo ha dejado en cuarto lugar. Este es el personaje que pretende ser secretario general del PSOE. A tenor de su currículo, lo más probable es que le lleve en la irrelevancia, como ha llevado al PSV.

¿No tiene el PSOE para dirigirle en los azarosos tiempos que atraviesa hombres o mujeres mejores que este oportunista, cuya única lealtad parece ser consigo mismo? Sin duda. Lo que ocurre es que todos ellos son conscientes de las dificultades que encierra el cargo, de la tarea titánica que representa recuperar el puesto de ser uno de los dos partidos «gubernamentales» españoles en medio del temporal que le agita, acosado por un Podemos dispuesto a deglutirlo y por un PP que se afianza como el único que ofrece estabilidad a un electorado cada vez más inquieto y volátil.

De ahí que la decisión más importante tomada por el Comité Federal este fin de semana haya sido la de dejar para junio el próximo congreso, desoyendo las voces de quienes querían celebrarlo ya, en caliente, cuando lo que se está jugando es, ni más ni menos, el futuro del PSOE. Pues los partidos, por grandes que sean, pueden morir, como algunos partidos socialistas europeos. El griego y el italiano, sin ir más lejos.

Antes incluso que un secretario general, el PSOE necesita decidir qué quiere ser. Pues en este momento son dos partidos nada amistosos entre sí. Siempre se le ha definido como un partido «de doble alma».

Pero hoy lo es también de doble cuerpo, uno de vocación clara y únicamente izquierdista, dispuesto a aliarse con Podemos; otro en la línea socialdemócrata establecida por Felipe González, que personifica Javier Fernández, al frente de la Gestora.

Así que lo primero que tiene que hacer el PSOE es solucionar su cisma interno. Algo que necesita calma, tiempo, debate, reflexión, perspectiva. Luego, tiene que aclarar su idea de España.

Pues no puede pretender gobernarla si un socialista andaluz tiene una idea distinta de España que un socialista catalán, o uno madrileño de otro vasco, como está ocurriendo, de forma incluso cada vez más acusada. Por último, tienen que ponerse de acuerdo en quién es el verdadero enemigo: el ideológico (el PP) o el nacional (los separatistas). Mientras no aclare estas cosas, el PSOE será un prisionero de sí mismo.

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