Alfonso Rojo

Un Tío en América

Un Tío en América
Alfonso Rojo, director de Periodista Digital S.L. PD

Ya está el tío en la Casa Blanca, para disgusto de todos los aficionados a la brocha gorda, que llevan semanas calificándole de ignorante, imbécil, palurdo, mentiroso, farsante, bravucón, impostor, narcisista y pervertido sexual.

Si Donald Trump fuera ese botarate -mezcla de Jesús Gil y Berlusconi- que pintan con columnistas y tertulianos, ni hubiera montado su entramado empresarial, ni habría ganado las elecciones, derrotando a los políticos tradicionales, los medios de comunicación y los presumidos artistas de Hollywood.

Cierta inteligencia bullir bajo ese estrafalario tupé teñido de naranja y algo grave se nos ha estado pasando desapercibido, para que arranquemos 2017 con este paisano en la Presidencia de EEUU y no con Hillary, que es lo que dábamos por supuesto.

Barack Obama se ha despedido con cara de malhuele y el ‘si, se puede’ con que llegó, aderezado con un optimista ‘si pudimos’. De ser cierto lo segundo, los norteamericanos no hubieran votado en masa al ‘magnate antisistema’.

Obama accedió a la presidencia en medio de una depresión económica solo comparable a la de los años 30 y aunque en política internacional ha sido una decepción, hizo muchas cosas en el frente doméstico. La más destacada, al margen del intento de dar cobertura sanitaria a los más desfavorecidos, fue la creación de 11 millones de empleos.

Su problema es que eso ha coincidido con la generalizada y creciente sensación de que la bonanza estadística choca con el empobrecimiento de los americanos de a pie, de la gente sin voz y sin glamour, que hace país cada día.

La que está hasta el gorro de la tiranía de lo políticamente correcto, sospecha que China hace trampas, piensa que hay que expulsar a los inmigrantes delincuentes y cree que la caridad empieza por uno mismo.

A diferencia de Obama, al que dieron el Premio Nobel antes de estrenarse e iba a traer el paraíso a la Tierra, el odiado Trump abre su mandato con la popularidad por los suelos y todos los pronósticos en contra.

Quizá eso termine jugando a su favor, porque sólo puede ir hacia arriba. A pesar de los palos que le han dado, su discurso inaugural ha sido coherente:

«Somos los mejores, se acabó pagar facturas ajenas, vamos a reconstruir las infraestructuras, fumigaremos a los terroristas islámicos, desde ahora la gente controlará a la casta, nunca volveréis a ser ignorados y no os fallaré».

Echen un vistazo a la hemeroteca, comparen lo que dicen aquí desde Pablo Iglesias a Mariano Rajoy, pasando por Albert Rivera o cualquiera que elijan en el PSOE y seguro que encuentran llamativas coincidencias.

ALFONSO ROJO

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