Ignacio Camacho

Rajoy ha aplicado a la electricidad la misma receta que a la de la prima de riesgo: «Ya bajará»

Rajoy ha aplicado a la electricidad la misma receta que a la de la prima de riesgo: «Ya bajará»
Ignacio Camacho. PD

EN 2012, en plena escalada hacia el rescate, Mariano Rajoy zanjó a su modo la crisis que empujaba hacia los 700 puntos a la prima de riesgo.

«Ya bajará», predijo sin desatornillarse del sillón ante los alarmados edecanes de La Moncloa. Y bajó, claro. Uno de aquellos asistentes que le fueron a advertir era Álvaro Nadal, entonces director de la Oficina Económica y hoy un flamante ministro de Energía desconcertado ante la subida del recibo de la luz.

«Ya bajará», ha repetido el impávido presidente antes de ordenar que nadie haga absolutamente nada. Y con la misma cachaza desangustiada, mitad de observador casinario, mitad de chamán de tribu, le dijo a Carlos Alsina que la solución vendría del cielo.

«Va a llover». Y, en efecto, ha llovido.

Esa lluvia ha aliviado al Gobierno de un problemón para el que no tenía soluciones. La energía es un mercado intervenido en el que el marianismo ha renunciado a intervenir porque resultaba muy complicado.

La factura energética es un galimatías de impuestos, subvenciones, tasas y peajes capaz de confundir al especialista más versado. El ministro del ramo, un pitagorín políglota muy docto en teoría financiera, fracasó en su intentona de introducir un mayorista de gas para abaratar la producción de ciclo combinado; durante una semana se movió como un piloto novato desorientado ante la complejidad del cuadro de mandos.

Su peor error fue el de aventurar el importe de la subida -cien euros-, lo que equivalía a fijar el precio en un sector regulado.

Armó así un lío ante el que luego, simplemente, se reveló incompetente para arreglarlo. El alza se ha comido ella sola la inflación de un año.

La última vez que sucedió algo así, el anterior responsable, José Manuel Soria, convirtió el precio de la electricidad en una partida de póquer. Funcionó a medias; el recibo bajó el año pasado y se disparó de nuevo en este.

Una montaña rusa. El sector más regulado produce resultados absolutamente irregulares. Así que de todas las explicaciones técnicas que debe de haber escuchado estos días el presidente ha hecho una síntesis de pragmatismo provinciano: si el problema estaba, a fin de cuentas, en la falta de lluvia, valía más confiar en los meteorólogos que en los economistas.

Los mapas del tiempo son más inteligibles que las tablas del famoso de la energía.

La parsimonia de Rajoy siempre cuenta con un aliado en la torpeza de la izquierda. Los socialistas no pueden atacar sin disparar contra su propia gestión -ay, las primas de las renovables- y los populistas simplifican con demandas de expropiaciones a la venezolana y diatribas contra esas puertas giratorias en las que quieren atrapar chivos expiatorios.

Nadie ha formulado en esta crisis de precios una iniciativa viable. Tampoco el Gobierno, desde luego, pero este tiene el poder, incluido el poder de esperar. Primero a que llueva y luego a que escampe.

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