Luis Ventoso

¿Se nops viene encima otra Edad Oscura?

Algunos temen que el mundo tome el sesgo de los años treinta

¿Se nops viene encima otra Edad Oscura?
Luis Ventoso. PD

UN amigo ha tenido el detalle de regalarme «El mundo de ayer», las conocidas memorias del escritor austríaco Stefan Zweig (1881-1942), que nunca había tenido la curiosidad de leer.

El libro disfruta de un revivir, porque muchos creen que la historia que cuenta, de comienzos del siglo XX, empieza a no semejar lejana. Zweig, judío vienés de familia adinerada, relata con su elocuencia habitual cómo el mundo europeo de su infancia y juventud se desmoronó de la manera más hórrida.

Primero solo fue un cambio de tono. El veneno se inoculaba todavía de manera sutil. «Resulta difícil desprenderse en pocas semanas de 30 o 40 años de profunda fe en el mundo.

En 1933 y todavía en 1934 nadie creía que fuera posible una centésima, ni una milésima parte de lo que sobrevendría en unas pocas semanas», escribe. Un fermento de hipernacionalismo y odio al vecino eclosionó abruptamente con el triunfo del nazismo, junto con el comunismo la ideología más criminal (están aún por concretarse las cifras del pícnico genocida Mao).

Zweig huyó. Inglaterra, EE.UU., Brasil. Se suicidó junto a su segunda mujer al día siguiente de completar sus memorias, en la ciudad brasileña de Petrópolis, temeroso de que Hitler conquistase el mundo, o tal vez deprimido por una añoranza enfermiza de su paraíso personal, aquella Viena estable, ordenancista y amable. Dos cadáveres con ropas sudorosas.

Sus manos crispadas se entrelazan en un nudo postrero de cariño. En los rostros, un rictus crispado. La imagen final del escritor se queda clavada en algún sótano de la conciencia.

¿Por qué estalló el mundo de Zweig? Una teoría convincente señala como detonador a la crisis de 1929 y su arrasadora recesión. El tsunami económico barrió el optimismo de los felices años 20 e impulsó al público a buscar soluciones nacionalistas y totalitarias, con catecismos dogmáticos que todo lo arreglarían, encarnados por caudillos providenciales.

¿Está iniciando el mundo otra edad oscura? Algunos pensadores alertan sobre tics que evocan los mismos reflejos egoístas e intransigentes de los años treinta, acelerados por la taquicardia de la comunicación por internet, que no deja espacio para la confrontación sosegada de ideas y donde la moneda buena vale lo mismo que la mala.

El detonador, como en el siglo XX, sería la resaca de otra crisis mal curada, la de 2008. Padres de familia en la cuneta de la globalización y unos hijos que por primera vez en 70 años temen que vivirán peor que sus progenitores. ¿Solución? Nacionalismo, proteccionismo, capitanes intrépidos que todo lo arreglarán. Trump, Brexit, Putin, la chaladura separatista en España.

Soy optimista, porque el trauma del siglo XX parece irrepetible. Como decía Marx, «la historia se repite dos veces, una como tragedia y otra como farsa».

Pero arranca una era inédita, muy difícil, donde la inteligencia artificial volverá superfluos a muchos trabajadores; donde por primera vez, en un horrible narcisismo eugenésico, la ciencia permitirá al hombre jugar a Dios y los más pudientes podrán acceder a hijos modelados a la carta.

Un desfiladero incierto, donde parece un poco ingenuo elegir como guía a un excéntrico enrabietado salido de un concurso de televisión.

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