Rafael Reina

AlEuropa

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Rafael Reina. PD

Hace menos de un año, que haciéndome portador del sentimiento y los temores de muchos que como yo nos hemos molestado en hacer algunos números para comparar el avance demográfico de la comunidad islámica en comparación con el resto de comunidades europeas, comprobamos que los cálculos nos daban como claro vencedora a la comunidad francesa, quizás sea por los lazos que arrastra desde sus relaciones en Argelia o en otros lugares del Oeste Africano.

Cualesquiera que sean las razones, Francia siempre ha sido la clara vencedora de la inevitable Islamización del país.

Hoy vemos cómo esa realidad no solo confirma nuestros temores, pero los supera con creces, con la entrada en escena del candidato Benoit Hamon, que aprovechando la dispersión del partido Socialista, la debilidad del conservador y la aparición de la derecha de Marie Le Pen ha logrado ganar las primarias y tiene el camino despejado para ser el primer Presidente francés Islámico y no solo islámico, pero parte integral de una de las facciones más duras y más extremista del mundo Islámico, la Hermandad Musulmana.

Este logro lanzará el avance Islámico en Europa a un ritmo que de momento no podemos ni predecir, pero que será la forma de crear la suficiente confianza en los pueblos europeos, para abrir aún más las puestas de la democracia a un viejo enemigo.

Si los intentos del «turco» del siglo 15, fueron a espaldas de caballos sable en mano, este ataque es a espalda de los contribuyentes con una flor en su mano, pero aún más letales y cruentas que las medievales batallas.

Si hay suerte y el hombre como de costumbre olvida la historia para así volver a caer en el mismo hoyo; Austria volverá a ser el obstáculo para evitar la invasión verde, blanca y negra de esta generación.

La debilidad de la derecha francesa, la ausencia mental de España y Portugal la indiferencia Italiana, no serán obstáculo como no lo fueron en al pasado. Pero lo que sí es una diferencia, es que las raíces que en esta ocasión alimentarán la ocupación, no será ni las espadas ni los tratados, será que las constituciones pasarán a pudrirse en el recuerdo, los valores reemplazados y las libertades esfumadas con el fuego de unas leyes barbáricas, bajo una tiranía totalmente desconocida para los pueblos europeos.

El europeo egocentrismo de la sociedad industrializada, la petulancia de la fortaleza económica, el envanecimiento por las libertades que consideran muchos que son envidiadas por estas hordas descerebradas, inculta, fanática y salvaje; le impedirán aceptar la realidad y evitarlo a tiempo y son precisamente esos valores los que esta calaña de gentes odian y quieren destruir.

No sería nada extraño, que pasados unas décadas, fuera Estados Unidos, la que tuviera que volver a sacar Europa por tercera vez, del pozo de orgullo, pedantería y presunción que Europa está mostrando con su obstinación liberacionista y su intransigencia a reconocer que la protección de los valores es la protección del pueblo.

EL nuevo presidente de los Estados Unidos, no tiene ni idea de ser político, por eso ha sido elegido, por no ser político. La reacción de los políticos europeos, es el pánico que representa que alguien no político, pueda demostrarles que están errados y que los industriales y los empresarios europeos, empiecen a pedir los mismos cambios y las mismas políticas económicas y comerciales que se esperan desarrollaran en América y que entre otras cosas, servirán para eliminar la corrupción ibero-americana y la criminalidad de esos países.

Es una carrera contra el tiempo, de ver si la degradación europea se puede detener antes de que sea necesario hacerlo como en las anteriores dos guerras, a base de sangre y vidas.

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