Ignacio Camacho

Albert Rivera: ¿Protagonista o Figurante?

En un reparto bipartidista, Ciudadanoss se ha quedado sin frase

Albert Rivera: ¿Protagonista o Figurante?
Ignacio Camacho. PD

En política se habla desde el poder o se hace de figurante

EN el difícil proceso de construcción de una identidad política, Ciudadanos ha empezado a aceptar lo que realmente es: el partido de ese sector del centro-derecha que no quiere votar al PP.

Salvo en Cataluña, donde capta un cierto voto de izquierda antinacionalista, sus electores son de una clase media joven, urbana y liberal a la que la corrupción y la fatiga de materiales han alejado del marianismo.

Gente que busca en el liderazgo de Albert Rivera la encarnación de una derecha bonita con un proyecto reformista, moderado, moderno y limpio. Eso no casaba con el empeño de C´s por coquetear con un ideario socialdemócrata que en España parece otorgar de entrada una pátina de prestigio.

En la asamblea de este fin de semana ese error de autodefinición ha quedado corregido; aún le falta sin embargo, rectificar el de su discutida falta de compromiso. Y esto le va a costar más porque para ello ya no depende de sí mismo.

En política, que es un oficio pragmático, resulta complicado ejercer de vestal sin mancharse las manos. Rivera emergió con un potente discurso de regeneración que a su entender era incompatible con alianzas de gobierno. Por un lado desconfiaba de la experiencia de sus cuadros y por el otro temía acabar aplastado, como el británico Clegg, por el peso del bipartidismo dinástico.

Así, prefirió apuntalar la estabilidad con pactos de investidura que le permitiesen ejercer desde fuera una especie de arbitraje moral, pero ha llegado un momento, tras su honesta y patriótica implicación en la reelección de Rajoy, en que esa clase de vigilante neutralidad ha quedado superada por los acontecimientos.

Atrapado por el acercamiento táctico entre PP y PSOE, C`s corre riesgo de malversar su capital político hasta caer en la irrelevancia. Ha tardado en comprender que el apoyo selectivo puede funcionar a escala local o regional pero que con sus actuales escaños no alcanza masa crítica para ser determinante en España. Aunque el problema no está tanto en la facturación electoral como en la determinación de usarla como bisagra.

Solventada la contradicción ideológica con su masa social, a Ciudadanos le queda reconciliarse con su propia vocación de cambiar las cosas. A estas alturas sus dirigentes ya han comprendido que para esto es necesario arriesgar más que hasta ahora; sucede que ellos mismos repartieron las cartas y para entrar a gobernar les toca esperar al menos otra ronda.

Han quedado arrinconados por su propia estrategia y ahora se sienten a merced de un destino secundario, faltos de papel propio en un libreto que están escribiendo a pachas los partidos clásicos. Su legítima ambición protagonista se ha estrechado hasta la ansiedad de un actor de reparto en busca de frase; pero en política se habla desde el poder o se resigna uno a hacer de figurante.

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