David Gistau

Ciudadanos busca su lugar en el escenario a base de apropiarse de personajes históricos

Ciudadanos busca su lugar en el escenario a base de apropiarse de personajes históricos
David Gistau. PD

EL partido Ciudadanos está lleno de gente astuta. La asamblea de este fin de semana tenía como objeto, entre otras cosas, caracterizar las siglas en términos doctrinales, averiguar, como en una terapia de grupo, si se es gavilán o paloma, escandinavo o gaditano, Olof Palme o Juan Martín «El Empecinado», quien sufrió una penosa muerte de patriota mal correspondido.

Hubo militantes de Ciudadanos que todavía el sábado por la mañana se sentían en el hogar fundacional al entrar en un Ikea, pero que por la noche andaban ya presos de una enorme añoranza de la tortillita de camarones.

A la astucia me refiero porque, si de establecer una limitación doctrinal se trata, es mucho mejor hacerlo después de unas elecciones y no antes.

Creo que no hay mayor hazaña del mimetismo que llegar a unas elecciones y que se dé la circunstancia de que los socialdemócratas fugitivos del PSOE te voten por creerte socialdemócrata y los liberales abrumados por la grisura de Rajoy y la corrupción lo hagan por considerarte liberal: un PP «aggiornado».

Polivalentes, llaman en el fútbol a esos jugadores que sirven para más cosas que una navajita suiza. Ciudadanos era como una de esas damas de compañía que se dejan moldear por el cliente para encajar en sus fantasías. A partir de hoy, si le pides a Ciudadanos socialdemocracia te responderá: «No, mire, yo eso no lo hago».

De hecho, ya nadie quiere ser socialdemócrata, lo fiscal aparte, pues la socialdemocracia aún procura coartadas humanas y de revanchismo social para el atraco de Estado.

Ni siquiera quieren serlo en la izquierda, cuya juventud entendió la decadencia del régimen europeo del 45 y prefirió alistarse en el asalto revolucionario de los cielos como quien se apunta a una secta que tiene escondida en el cobertizo la nave en la que se salvarán los elegidos.

La doctrina que manejó valores en monopolio y desarrolló un complejo de superioridad moral ahora es una cáscara tóxica de la que huyen incluso aquellos que podrían haberse aplicado con ella un barniz solidario relacionado con nuestros mitos del bienestar y el Estado proveedor.

La socialdemocracia ya sólo es la cabritilla atada al poste, aguardando a que se la coman las sucursales europeas de Trump, que traen más de medio siglo de rencor e instintos contenidos, de sumisión a la corrección.

Ciudadanos va buscando su lugar en el escenario a base de apropiarse de personajes históricos. Cómo será la insistencia de Rivera con Suárez que hubo hasta una moción de un militante para prohibirle citarlo tanto. Rivera usaba a Suárez para consagrar la impresión de que España necesitaba otra Transición y él era el ungido por el destino para hacerla.

Con la vinculación a la Pepa va más lejos: la eterna represión de la España liberal a manos de la oscuridad absolutista -que aún postergaba Cádiz cuando Landa ya ligaba suecas- es algo que termina sólo con Ciudadanos. No es tan grave. Hay otros que se creen Lenin.

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