Jaime González

¿El tres por ciento?

¿El tres por ciento?
Jaime González. PD

Imaginemos que Cataluña, alguna vez, alcanza la independencia y elige un modelo de Estado en forma de república. Pongámonos en el día siguiente: ¿Cataluña sería un Estado de Derecho con separación y equilibrio real de poderes y contrapoderes? ¿se garantizaría la pluralidad ideológica? ¿la autoridad máxima estaría sujeta a las leyes? ¿habría un poder judicial independiente? ¿la sociedad civil podría articularse libremente? ¿se consagraría el derecho a la libertad de expresión y manifestación? ¿existiría posibilidad real de alternancia? ¿qué ocurriría en la república de Cataluña si el partido dominante se viera envuelto en un caso de financiación ilegal que afectara a sus máximos dirigentes? ¿permitiría la Constitución catalana que alguno de sus territorios decidiera unilateralmente proclamar su soberanía? ¿sometería a consulta popular la posibilidad de volver a formar parte del Estado español?.

Son preguntas que me gustaría plantear a las miles de personas que acompañaron ayer a Artur Mas, Joana Ortega e Irene Rigau hasta las puertas del TSJC. No se trata de juzgarlas, sino de conocer su opinión.

Y si en esa supuesta Cataluña independiente un poder político desobedeciera las leyes, ¿les parecería bien o mal? ¿estarían de acuerdo en que todos los ciudadanos de Cataluña tuvieran los mismos derechos y obligaciones? ¿incluso aunque no fueran partidarios de la república de Cataluña?

Permítanme dudar de que si Cataluña, algún día, alcanzara la independencia, los contrarios a la independencia pudieran ocupar un escaño en el Parlamento de la república.

Y que los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad de esa supuesta Cataluña independiente garantizaran la libertad de manifestación de los no independentistas. Y que hubiera jueces no independentistas. Y medios de comunicación no independentistas.

Y en definitiva, lo que supone un Estado de Derecho como el español. Puede que en España la democracia sea imperfecta, pero comparada con la democracia que existiría en esa hipotética república de Cataluña, España es un Estado de Derecho pluscuamperfecto, con todos sus defectos.

En España, a excepción de Cataluña, cuando a un político le pillan con las manos en la masa suelen llamarle «chorizo» o «ladrón», con independencia de lo que tarde en pronunciarse la Justicia. En Cataluña, los presuntos chorizos y ladrones, si son independentistas, reciben baños de masas.

He aquí la cuestión: que el problema está en la masa, en esos cuarenta mil -dicen- que este 6 de febrero de 2017 arremetieron libremente contra la democracia española.

¿Me gustaría preguntarles cuánto de democrática, comparada con la española, creen que sería esa república catalana que el soberanismo utiliza como cortina de humo para desviar la atención.

¿El tres por ciento?

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